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Agricultura

“Por necesidad adopté la Agricultura de Conservación”: Guadalupe García.

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En suelos de barrial, con la creatividad motivada por la necesidad de ser más rentable, Guadalupe García, pequeño productor, comparte su experiencia

Marco Díaz

Angostura, Sin. _ Guadalupe García es un pequeño productor del Ejido Agustina Ramírez. Es un convencido de que, ante un panorama de comercialización complicado, insumos y combustibles elevados, la Agricultura de Conservación no es opcional, es una necesidad.

Con 10 años trabajando la tierra como agricultor, García Rosales recuerda que hace tres años conoció estas prácticas sustentables, comunes en el estado de Guanajuato, en donde viven sus familiares; “a ellos les ha ido muy bien y tienen sus suelos sanos, con un porcentaje de materia orgánica alto”.

Reflexionando al respecto, Guadalupe observó que sus suelos no tenían esa cantidad de materia orgánica por lo que inició en la agricultura de conservación, mejorando sus suelos y disminuyendo el uso de combustibles, pasando de 1,500 litros de diésel por cada 10 hectáreas, a 160 litros por cada diez hectáreas.

“Yo antes era agricultor de 9 a 10 toneladas. Y ahora vemos que nuestro rendimiento ha subido, y eso está muy bien porque nosotros como pequeños productores, la Financiera nos presta 22 mil pesos, y metiendo la labranza de conservación, con 5 o 6 toneladas pagas tu crédito de avío y el resto ya es ganancia”.

Desmintiendo mitos

En Sinaloa existe un dicho que reza: “cero labranza, cero cosecha”, y también hay quien dice que este tipo de prácticas no es posible en terrenos con barrial. A lo que responde: “dice un dicho que la necesidad hace caminar al burro”.

“Para esta cosecha espero hasta 15 toneladas en suelos de barriales, la mínima labranza trabaja mejor en tierras de barriales e incluso ladeadas, ahí es donde la soca detiene más los fertilizantes y retiene la humedad”.

El productor agrícola explica que luego de asistir a conferencias del Ing. Jorge Luis Arredondo y de Don Silvano Gaxiola, integrantes del Club de Agricultores de Conservación de la Región del Évora, se motivó todavía más y comenzó a intercambiar experiencias en cuanto a la adaptación de los equipos de siembra.

“Con eso yo regresé y mis primeros discos fueron de rastras, los enderezamos y los hicimos trabajar, un disco de rastra es como un disco cortador y el secreto de la Labranza de Conservación es el disco cortador para que no se te haga balsada cuando andas trabajando”.

Orgulloso, explica que, si bien inició con lo que tenía, actualmente ya cuenta con equipo especializado e incluso, de ser necesario, tiene la posibilidad de aprovechar la central de maquinaria para agricultura de conservación que fue apoyada por la Secretaría de Agricultura y Ganadería y la Fundación Produce Sinaloa, y que se encuentra en la Junta Local de Sanidad Vegetal del Valle del Évora.

Con el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo, agrega, inició el intercambio de experiencias, asistiendo a algunos eventos de capacitación que ha organizado en conjunto con el Club  de Agricultores de Conservación de la Región del Évora.

La experiencia de Guadalupe García le ha permitido mejorar sus ingresos en su parcela, pero también asesorar a una empresa agrícola en cuanto a optimización de costos y sustentabilidad, impulsando también la aplicación de microorganismos benéficos para el suelo.

Para finalizar, Guadalupe García asegura que no piensa dejar estas prácticas agrícolas, las cuales le permitieron ser más rentable su actividad; “la mínima labranza a lo mejor va a llegar en su momento, la situación está difícil con el precio de los granos, así que debemos adoptarla todo aquel que quiera estar en la agricultura, por necesidad”.

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