Desde el arancel al tomate, hasta la investigación por dumping a la fresa mexicana, viene un señalamiento nacional contra la manzana estadounidense ¿valdría la pena acusar de dumping a EUA en el maíz?
Marco Díaz | Canal de Whatsapp
Culiacán, Sinaloa, 10 de febrero de 2026. La relación comercial agroalimentaria entre México y Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más tensos de los últimos años. Aranceles, investigaciones por dumping, subsidios agrícolas y represalias cruzadas están reconfigurando el tablero del comercio internacional, con impactos directos en granos, frutas y hortalizas.
Lejos de tratarse de conflictos aislados, los casos del tomate mexicano, la fresa, el maíz estadounidense y la manzana norteamericana forman parte de una misma dinámica: una guerra comercial agrícola que ya inició y que amenaza con escalar si no se corrige el rumbo.
Tomate mexicano: el punto de quiebre
Durante años, pensar en un arancel al tomate mexicano parecía una posibilidad remota. Sin embargo, la terminación del Acuerdo de Suspensión al dumping del tomate derivó en la imposición de un arancel del 17.09% a las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos.
La medida, impulsada por productores de tomate de Florida —un grupo con fuerte peso político— generó nerviosismo inmediato en la industria, reducción de superficie sembrada y un entorno de incertidumbre que se extendió a otros cultivos hortícolas.
Fresa mexicana bajo investigación
Tras el caso del tomate, la atención se desplazó rápidamente hacia la fresa mexicana, actualmente bajo investigación en Estados Unidos. El proceso abrió la puerta a posibles medidas antidumping y encendió alertas en todo el sector de berries, uno de los más dinámicos en las exportaciones agroalimentarias de México.
La señal fue clara: el conflicto no se limitaría a un solo producto.
Maíz: precios bajos y presión estructural
Mientras tanto, México se consolidó como el principal destino del maíz estadounidense, en un contexto internacional marcado por sobreoferta, inventarios elevados y precios deprimidos.
Para el productor mexicano, el escenario es particularmente complejo:
altos costos de producción, efectos de la sequía y el cambio climático, menor rendimiento y una presión constante por importaciones a precios bajos.
De acuerdo con el análisis económico, estos precios pueden responder a dos factores distintos pero igualmente problemáticos: dumping, cuando se vende por debajo del precio normal o del costo de producción, o distorsión de mercado, derivada de los subsidios agrícolas que Estados Unidos otorga a sus productores a través del Farm Bill.
En ambos casos, el resultado es el mismo: una pérdida de competitividad para el productor nacional.
La respuesta de México: la manzana en la mira
Por primera vez en este nuevo ciclo de tensiones, México respondió.
El gobierno mexicano inició un señalamiento formal por posibles prácticas de dumping en la manzana estadounidense, un producto emblemático y estratégico para varios estados de la Unión Americana.
Más allá del impacto directo en el mercado de la manzana, el mensaje es político y comercial: México no está dispuesto a asumir pasivamente una escalada de medidas unilaterales.
Un cambio en las reglas del juego
El regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos el 20 de enero de 2025 marcó un giro en la política comercial. Desde su campaña anterior, Trump había señalado su intención de que México consumiera “cantidades industriales” de maíz estadounidense. Hoy, esa afirmación se refleja en los flujos comerciales.
Analistas coinciden en que esta estrategia ha roto el estatus quo del comercio agroalimentario internacional, tensionando los mecanismos del T-MEC y poniendo a prueba los márgenes legales para investigar, sancionar o negociar.
¿Escalada o negociación?
La historia del comercio internacional sugiere que las guerras comerciales rara vez se sostienen indefinidamente. Sin embargo, mientras no se alcance un punto de negociación, el agro seguirá siendo uno de los principales campos de batalla.
El reto para México será doble:
defender a su base productiva sin desatar una escalada que termine afectando a consumidores, industria y cadenas de valor.
El panorama para 2026 permanece abierto, pero una cosa es clara: la guerra comercial agrícola ya inició, y sus efectos comienzan a sentirse en todo el sector.








