El posible bloqueo de una de las rutas energéticas más importantes del mundo ya impacta los precios del petróleo y los agroquímicos, generando presión en la producción de alimentos y en la inflación global.
Redacción | Canal de Whatsapp
Culiacán, Sin., 21 de marzo de 2026._El posible cierre del Estrecho de Ormuz se perfila como uno de los riesgos más relevantes para la economía global, debido a su papel estratégico en el transporte de energía. Por esta vía circula cerca del 20% del petróleo mundial y alrededor del 30% del gas natural licuado.
De acuerdo con el doctor Renato Pintor Sandoval, investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), este escenario no solo responde a tensiones regionales, sino a una disputa geoeconómica de alcance global, en la que Estados Unidos busca asegurar el control de insumos estratégicos frente al crecimiento de economías como China e India.
En lo inmediato, el impacto ya comienza a reflejarse en los precios de los energéticos. En algunas zonas de Estados Unidos, la gasolina ha alcanzado niveles de hasta 8 dólares por galón, mientras que en Europa los combustibles se ubican entre 3 y 4 euros por litro, presionando tanto el consumo como los costos de producción.
Sin embargo, uno de los efectos más sensibles se encuentra en el sector agrícola. Alrededor del 35% de los agroquímicos a nivel mundial provienen de esta región, por lo que una interrupción en el suministro podría traducirse en mayores costos de producción, menor disponibilidad de insumos y, eventualmente, un incremento en los precios de los alimentos en un plazo de tres a cuatro meses.
Europa aparece como una de las regiones más vulnerables, debido a su alta dependencia energética tras las restricciones comerciales con Rusia, lo que podría afectar su producción agrícola e industrial.
En este contexto, el encarecimiento del costo de vida también podría tener implicaciones políticas, particularmente en Estados Unidos. Mientras tanto, China podría beneficiarse al mantener acceso a hidrocarburos mediante rutas alternas, en contraste con las economías occidentales que enfrentarían mayores presiones inflacionarias si el conflicto se prolonga.








