Hace cuarenta años cinco toneladas por hectárea dejaban ganancias; hoy ni 15 toneladas alcanzan para hacer rentable el cultivo. Productores advierten que la crisis ya está provocando el abandono de tierras agrícolas.
Redacción | Canal de Whatsapp
Culiacán, Sin., 13 de julio de 2026._ La rentabilidad agrícola se ha convertido en el principal desafío del campo sinaloense. Productores de la zona centro coincidieron en que, pese a los avances tecnológicos y al incremento de los rendimientos, sembrar maíz y otros cultivos resulta cada vez menos rentable, situación que amenaza la permanencia de la actividad y dificulta el relevo generacional.
Durante el panel «Agricultura Rentable en Sinaloa: Retos de hoy y del futuro inmediato», organizado por la Federación Agronómica de Sinaloa, Sección Culiacán, productores agrícolas analizaron los factores que han llevado al sector a uno de sus momentos más complejos en los últimos años.
El panel fue moderado por el ex presidente de la Asociación de Agricultores del Río Culiacán, Melchor Godoy, quien señaló que la falta de rentabilidad y de acceso al crédito ya comienza a reflejarse en decisiones que hace algunos años parecían impensables.
Indicó que existen ejidatarios que están ofreciendo sus parcelas para que otros las trabajen, únicamente con el propósito de evitar que los terrenos permanezcan abandonados.
Además, advirtió que la falta de ingresos suficientes ha complicado el relevo generacional, ya que cada vez menos jóvenes consideran atractiva la actividad agrícola como proyecto de vida.
«Lo que nos falta es precio»
Jorge Lugo Gaxiola, hijo de Rodolfo Lugo, reconocido como uno de los pioneros en la producción de maíz en el Valle de Navolato, recordó la transformación que ha vivido la agricultura sinaloense durante las últimas décadas, desde una época en la que no existían bodegas ni secadoras para almacenar el grano, hasta la agricultura tecnificada que hoy caracteriza al estado.
Sin embargo, sostuvo que el incremento en la productividad no ha venido acompañado de mejores condiciones económicas para los productores.
«Tecnología tenemos. Ya nivelamos con rayo láser, tenemos sembradoras de precisión, hacemos mínima labranza, usamos insectos benéficos y bacterias. ¿Qué nos falta? Precio. Es lo único que no hay.»
Recordó que hace cuatro décadas producir cinco toneladas por hectárea era suficiente para obtener utilidades, mientras que actualmente ni cosechas de 15 toneladas logran hacer rentable el cultivo.
«¿Cómo es posible que ahora con 15 toneladas por hectárea no sea rentable sembrar maíz, cuando hace 40 años con cinco toneladas obteníamos el 100 por ciento de utilidad? ¿A dónde vamos a parar?»
Advirtió que, así como en años anteriores desaparecieron cultivos como la soya y buena parte del frijol en diversas regiones del estado, el maíz podría enfrentar un escenario similar si no cambian las condiciones económicas para producirlo.
El cambio comenzó con la apertura comercial
Por su parte, el productor y dirigente de Almacenes Colhuacan, Antonio Carrillo Ley, recordó que hace tres décadas el campo sinaloense contaba con un abanico más amplio de cultivos y con mecanismos de apoyo que brindaban mayor certidumbre a los productores.
Mencionó que cultivos como arroz, soya, sorgo y frijol formaban parte del abanico de cultivis, además de que existían precios de garantía respaldados por la entonces CONASUPO.
Carrillo Ley consideró que la apertura comercial modificó de manera profunda la estructura agrícola nacional.
«Llegó Salinas a firmar el Tratado de Libre Comercio en 1992 y el único cultivo que protegió fue el maíz. Se planteó una transición con apoyos para que pudiéramos competir, pero con el paso del tiempo ese sistema fue desapareciendo.»
Añadió que el modelo impulsado en aquella época buscaba fortalecer organizaciones de productores mediante bodegas y empresas propias, esquema que posteriormente fue sustituido por una mayor participación de la iniciativa privada.
Buscar soluciones para seguir produciendo
En su intervención, el productor Jacobo Gaxiola recordó que hace años los agricultores comenzaron a organizarse para impulsar prácticas como la labranza de conservación con el propósito de mejorar los suelos y elevar la productividad.
Reconoció que actualmente dos de sus hijos continúan dedicándose a la agricultura, aunque admitió que el panorama económico hace cada vez más difícil convencer a las nuevas generaciones de permanecer en el campo.
«Hay que buscar la manera de hacer algo. Si nos ponemos únicamente a quejarnos no salimos de ahí. Tenemos que encontrar soluciones que nos permitan seguir subsistiendo porque, como ya se dijo aquí, esto está a punto de morir.»
Finalmente, señaló que muchos productores han optado por concentrarse únicamente en sembrar sus propias tierras y dejar de rentar superficie adicional, como una estrategia para reducir riesgos en un entorno marcado por altos costos de producción, incertidumbre comercial y márgenes de rentabilidad cada vez más reducidos.








