
Mario Montiel, especialista del IMTA.
El especialista del IMTA señaló que hasta 70% del agua se pierde antes de llegar a la parcela, por lo que la tecnificación del riego es clave para garantizar la sostenibilidad agrícola.
Redacción | Canal de Whatsapp
Culiacán, Sinaloa., 13 de diciembre de 2025.— La principal problemática del agua en Sinaloa no es la disponibilidad para consumo humano, sino la ineficiencia en el uso del agua agrícola, particularmente en la conducción y aplicación del riego, afirmó Mario Montiel, especialista del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA), durante su participación en el conversatorio “Futuro del agua en Sinaloa: ¿hacia dónde y cómo?”, celebrado en el auditorio de la Asociación de Agricultores del Río Culiacán (AARC).
Al presentar datos del Organismo de Cuenca y diagnósticos técnicos, Montiel subrayó que solo el 6% del agua concesionada en Sinaloa se destina al uso doméstico, mientras que el estado cuenta con una disponibilidad cercana a 5,563 metros cúbicos por habitante al año, muy por encima de la media nacional de 3,200, lo que descarta un riesgo inmediato para el abasto de agua potable en las próximas décadas.
“El debate del derecho humano al agua en Sinaloa no debe centrarse únicamente en el consumo doméstico, sino en cómo garantizar la sostenibilidad de la agricultura, que es la base económica y alimentaria del estado”, señaló.
Grandes pérdidas antes de llegar a la parcela
Montiel explicó que, aunque el requerimiento real de agua del cultivo de maíz ronda los 4,500 metros cúbicos por hectárea, en la práctica se extraen hasta 11,800 metros cúbicos, lo que evidencia pérdidas cercanas al 65% del agua entre la presa y la parcela.
En términos de huella hídrica, detalló que el maíz producido en Sinaloa consume alrededor de 400 litros de agua por kilogramo, pero para que la planta utilice ese volumen es necesario extraer más de 1,000 litros, debido a fugas y pérdidas en la infraestructura.
“Dos de cada tres litros de agua se pierden antes de llegar al cultivo. El problema no está en el productor, sino en la infraestructura hidráulica”, puntualizó.
Agricultura, agua y valor económico
El especialista del IMTA comparó el valor económico del agua en distintos usos. Mientras el productor agrícola paga alrededor de 43 centavos por metro cúbico, la industria llega a pagar entre 23 y 27 pesos, lo que refleja una marcada desigualdad en la valorización del recurso.
Además, destacó el concepto de agua virtual, al señalar que cada hectárea de maíz equivale al consumo anual de agua de entre 50 y 80 habitantes, y que el grano producido en Sinaloa lleva implícitos cientos de metros cúbicos de agua que terminan alimentando a millones de personas en el centro del país, sin que exista una compensación por ese recurso natural.
“Cuando Sinaloa exporta maíz, también exporta agua. Detrás de esos granos van recursos naturales que alimentan a cerca de 25 millones de mexicanos”, explicó.
Tecnificación: la ruta obligada
Montiel afirmó que la variabilidad climática y la reducción de escurrimientos —hasta un 20% menos en algunas presas en los últimos 30 años— obligan a replantear la operación de los sistemas de riego y a cuidar volúmenes estratégicos de agua, especialmente al inicio del ciclo agrícola.
En ese contexto, destacó el programa de tecnificación del riego, que contempla inversiones históricas por más de 62 mil millones de pesos, enfocadas en:
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Nivelación de tierras
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Revestimiento y entubamiento de canales
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Automatización de la operación hidráulica
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Uso de sensores, estaciones agrometeorológicas y agricultura digital
“El mayor potencial de ahorro está en la parcela y en la red de canales. Ahí se pierde hasta el 70% del agua. Invertir en eficiencia es más barato que construir nuevas presas”, afirmó.
Un reto compartido
Finalmente, Mario Montiel subrayó que el desafío del agua requiere una visión integral, donde productores, organismos, autoridades y sociedad comprendan que el agua no se pierde, se transforma, y que alguien siempre termina pagando el costo de su mal uso.
“El futuro del agua en Sinaloa pasa por regar mejor con menos agua, invertir de manera inteligente y avanzar hacia una agricultura sostenible, transparente e innovadora”, concluyó.
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