16 de agosto de 2026
Fitosanidad
10 de febrero de 2026
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Enfermedades y plagas: el reto fitosanitario del OI 2025-2026 Sinaloa

El invierno cálido y las lluvias crearon un escenario fitosanitario complejo en la producción agrícola; durante el Punto PROAGRO, el Dr. José Refugio García alertó sobre la presión de enfermedades fungosas y bacterianas y la importancia del monitoreo y manejo integrado de plagas

Redacción | Canal de Whatsapp

Culiacán, Sin., 10 de febrero de 2026._  El ciclo agrícola Otoño-Invierno 2025-2026 en Sinaloa se ha desarrollado bajo condiciones atípicas: lluvias fuera de calendario, suelos saturados y un invierno más cálido de lo normal. Este escenario ha creado el ambiente ideal para la proliferación de enfermedades fungosas y bacterianas en hortalizas, elevando los riesgos productivos y los costos de manejo.

Este fue el eje central de la ponencia “Situación actual de enfermedades fungosas y bacterianas en hortalizas”, impartida por el Dr. José Refugio García durante el Punto PROAGRO, organizado por PROAGRO, con la participación de productores y técnicos del Valle de Culiacán y Navolato.

Un ambiente que favorece los brotes

Las condiciones actuales han permitido que enfermedades consideradas “controladas” reaparezcan con mayor agresividad. Alternaria, corinespora, estenfilio, cenicillas, botrytis y distintos complejos bacterianos conviven hoy en los mismos lotes, muchas veces de forma simultánea. El riesgo aumenta cuando estas enfermedades se mezclan, dificultando el diagnóstico y reduciendo la eficacia de los programas de control.

El ingeniero García explicó que no se trata de patógenos nuevos, sino de condiciones favorables: humedad prolongada, follajes densos, ventanas de aplicación reducidas y errores operativos que se convierten en focos de infestación.

Tizón tardío y la importancia de no dejar “zonas crudas”

Uno de los puntos más enfatizados fue el comportamiento explosivo del tizón tardío. En este ciclo, pequeños errores —una franja sin cubrir, una aplicación mal supervisada, un equipo que no llegó a un punto— han sido suficientes para detonar brotes severos.

La recomendación fue directa:

  • Monitoreo constante.

  • Supervisión real de las aplicaciones.

  • Cobertura total, sin dejar áreas “crudas”.

  • Manejo Integrado

Cualquier sección sin protección se convierte en el punto de arranque del problema, especialmente bajo las condiciones actuales.

Pepino y tomate: diagnósticos finos, decisiones correctas

En cultivos como pepino y tomate, indicó que el reto no solo es la presión sanitaria, sino el diagnóstico correcto y advirtió sobre la confusión entre mildiu, corinespora, alternaria y estenfilio, lo que ha llevado a programas mal dirigidos y a la rápida generalización del daño.

En pepino, además, destacó el cambio en el comportamiento de enfermedades como Didymella, que hoy se presenta con síntomas menos “típicos”, generando errores de identificación. Un punto crítico fue el manejo de residuos: frutos dañados que no se retiran del sistema elevan la carga de inóculo y agravan el problema.

No es solo el fungicida

Uno de los mensajes más importantes de la ponencia fue que el control no depende únicamente del producto. Doblar dosis o “meter más” no garantiza mejores resultados. Por el contrario, factores como:

  • calidad de aplicación,

  • cobertura,

  • pH de las mezclas,

  • momento de aplicación,

  • ventilación y manejo de humedad,

son determinantes para que un programa funcione.

Coordinación: la diferencia entre contener o perder

El Dr. Refugio García insistió en que el manejo fitosanitario debe construirse desde la comunicación entre tres áreas clave: nutrición, producción y entomología. Las enfermedades no avanzan solas; lo hacen impulsadas por decisiones de riego, nutrición, labores culturales y presión de plagas.

Más que buscar responsables, el objetivo debe ser identificar la causa y corregir a tiempo.

Un ciclo que exige disciplina

El OI 2025-2026 se perfila como un ciclo fitosanitariamente complejo, donde la prevención, el monitoreo y la ejecución correcta pesan más que nunca. Las condiciones ya están dadas; ahora, el reto es no bajar la guardia, afinar diagnósticos y fortalecer los programas integrales para sostener la productividad y la rentabilidad de las hortalizas en Sinaloa.