3 de octubre de 2026
¿Puede el mar ayudar a alimentar a México?
Visión Agrícola 360
Opinión

¿Puede el mar ayudar a alimentar a México?

La desalinización puede llevar agua al campo mexicano, pero su costo definirá dónde y para qué cultivos será viable.

MC. Raymundo Elizalde

Para un agricultor, tener el mar cerca puede abrir una posibilidad donde las presas y los pozos resultan insuficientes. Retirar la sal permite obtener agua para producir alimentos, aunque esa oportunidad depende de cuánto cuesta llevarla hasta el cultivo. México necesita evaluar dónde puede funcionar y quién tendrá condiciones para pagar ese riego.

 

California ofrece una referencia. La planta de Carlsbad opera desde 2015 y aporta alrededor de una décima parte del abastecimiento regional de San Diego. Su destino principal es el suministro público. La experiencia demuestra que el océano puede asegurar abasto, aunque abastecer ciudades y regar campos exigen resolver cuentas económicas diferentes.

 

La agricultura californiana depende principalmente de ríos, presas y acuíferos. Cuando disminuyen las entregas de riego, aumenta la presión sobre los pozos. Esa dependencia explica la búsqueda de nuevas fuentes de agua. Para México, la lección empieza por conocer cuánto necesita cada cultivo y qué fuentes pueden abastecerlo.

 

España aporta una experiencia agrícola: plantas como Torrevieja producen agua de mar desalinizada destinada también al riego. Su operación confirma que la tecnología puede alimentar cultivos. Al mismo tiempo, obliga a discutir inversiones, electricidad, tarifas y apoyos públicos. Producir agua y ofrecerla a un precio accesible son retos diferentes.

 

La tecnología más utilizada se llama ósmosis inversa: aplica presión para hacer pasar el agua por membranas que separan las sales. También permite tratar agua subterránea salobre, con menos sal que la marina. Distinguir ambas fuentes es esencial porque cambian la energía requerida, los costos y los efectos sobre las reservas de agua de cada región.

 

México cuenta con experiencia en San Quintín, Baja California. Un estudio publicado en 2020 documentó desaladoras agrícolas que trataban agua subterránea salobre. También mostró el peso de la electricidad para su viabilidad. Es un antecedente valioso, aunque tratar pozos salinizados mantiene la necesidad de cuidar el acuífero que abastece el riego.

 

Para algunos cultivos de alto valor cerca de la costa, el agua desalinizada puede justificar su costo si protege rendimientos y permite cumplir contratos. Tomate, pepino o berries requieren estudios locales. En los granos, los márgenes dejan menos espacio para absorber un suministro caro. La decisión debe partir del margen por metro cúbico de agua.

 

La distancia también pesa. Captar agua del mar, quitarle la sal y conducirla a zonas elevadas demanda infraestructura y energía. Por eso, una solución viable junto a la costa puede perder sentido tierra adentro. Antes de construir, hay que calcular el costo completo del agua entregada en la parcela, incluyendo mantenimiento y reposición de equipos.

 

El análisis técnico debe llegar hasta la raíz. La calidad del agua desalinizada debe ajustarse a cada cultivo; algunos son sensibles al boro o a las sales que permanezcan. También debe revisarse su aporte de nutrientes. Un proyecto agrícola requiere análisis de laboratorio y manejo del riego, porque disponer de agua no garantiza una cosecha óptima.

 

La sal retirada queda concentrada en una salmuera, cuya descarga requiere manejo para proteger la vida marina. Además, importa cómo se obtiene la electricidad. Las energías renovables pueden reducir emisiones, pero requieren inversiones y un suministro confiable. El precio del agua debe considerar estos compromisos desde el diseño.

 

Existe otra vía de apoyo al campo: una ciudad costera que utiliza agua desalinizada podría disminuir su presión sobre fuentes compartidas con agricultores. Ese beneficio depende de acuerdos de distribución y límites de extracción. Sin esas reglas, la nueva oferta puede atender más demanda y dejar intacto el problema que enfrentaban los productores.

 

La comparación debe incluir alternativas. En Monterey, California, el agua reciclada abastece unas 5 mil hectáreas agrícolas bajo controles de calidad. Para México, se requiere contrastar desalinización, reúso, recarga y mejoras de riego. Cada peso invertido debe respaldar una fuente confiable, con costos que la actividad productiva pueda sostener.

 

CONAGUA, SADER y las autoridades ambientales deben ubicar zonas donde coincidan escasez, cercanía al mar, energía disponible y cultivos viables. Se requiere iniciar con proyectos piloto y publicar sus resultados. Los apoyos públicos deben depender del beneficio comprobado, con protección de ecosistemas.

 

Los productores necesitan organización para compartir infraestructura y contratar asesoría técnica. Los bancos y compradores pueden financiar proyectos con créditos adecuados y compromisos comerciales. Sin estas condiciones, la tecnología corre el riesgo de concentrarse, mientras los agricultores pequeños quedan fuera.

 

Esta discusión también concierne a los consumidores. ¿Qué sentido tendría asegurar más agua si el costo vuelve inaccesible los alimentos o desplaza el abasto de las comunidades? La estrategia nacional debe evaluar producción, empleo, precios y acceso. El éxito de una desaladora se mide por los beneficios que ofrece, además del volumen que produce.

 

El mar puede ayudar a alimentar a México donde la ingeniería, la economía y el cuidado ambiental permitan un suministro útil. California enseña a diversificar; España muestra el camino agrícola. La decisión es elegir bien las inversiones para que el agua sostenga cosechas, ingresos familiares y alimentos accesibles que puedan llegar a muchas mesas.

 

Esto fue Visión Agrícola 360: El Panorama Completo del Campo Mexicano.