14 de agosto de 2026
MC. Raymundo Elizalde Gastelo
Visión Agrícola 360
Opinión

Sostenibilidad: la nueva rentabilidad del campo

La eficiencia en el uso del agua, la reducción de emisiones, la trazabilidad y las prácticas ASG comienzan a definir el acceso de las empresas agrícolas mexicanas a compradores, financiamiento y nuevos mercados.

MC. Raymundo Elizalde

Hace algunos años, cuando alguien hablaba de sostenibilidad en agricultura, muchos productores pensaban inmediatamente en auditorías complicadas, inversiones enormes o requisitos imposibles de cumplir. Parecía un tema lejano, diseñado para grandes corporativos internacionales y distante de la realidad diaria del campo mexicano. Hoy la situación es completamente distinta. La sostenibilidad ya comenzó a definir quién podrá mantenerse competitivo y quién empezará a perder mercado en los próximos años.

 

La presión viene principalmente de Estados Unidos y Europa, donde los compradores de alimentos frescos están poniendo más atención al origen de los productos, al uso del agua, a las condiciones laborales y a la trazabilidad. Para empresas que exportan tomate, chile bell, pepino, berries o aguacate, estos temas ya forman parte de la conversación comercial. Cada vez más clientes quieren saber cómo se produce, con qué recursos se produce y qué tan responsable es la operación agrícola que está detrás de cada embarque.

 

El concepto ASG: ambiental, social y gobernanza, comenzó finalmente a traducirse a un lenguaje mucho más práctico. Ya no se trata únicamente de reportes complicados o términos corporativos difíciles de entender. Ahora hablamos de medir agua por kilogramo producido, revisar tiempos muertos de tractores, monitorear fertilización, separar residuos, reducir desperdicios, usar iluminación LED o mejorar la capacitación de trabajadores. Es decir, hablamos de cosas que ocurren todos los días dentro de una empresa agrícola.

 

Probablemente ahí está uno de los mayores aciertos de esta nueva visión. La sostenibilidad empieza a entenderse como una herramienta para mejorar eficiencia y rentabilidad, en lugar de verse como una carga adicional para las empresas del sector. Muchos agricultores todavía creen que implementar programas ASG requiere inversiones millonarias. La realidad es diferente. Existen acciones pequeñas, rápidas y relativamente baratas que pueden generar resultados visibles casi de inmediato.

 

Por ejemplo, monitorear fugas de agua puede generar ahorros importantes desde las primeras semanas. Revisar el uso de fertilizantes ayuda a reducir desperdicios y acumulación de sales. Medir tiempos muertos de maquinaria disminuye consumo de diésel. Separar desperdicios alimentarios mejora trazabilidad, reduce pérdidas y permite tomar mejores decisiones. En agricultura, cuando se mide mejor, se administra mejor.

 

Parece algo sencillo, pero en un negocio donde los márgenes son cada vez más estrechos, esos pequeños detalles pueden representar millones de pesos al cierre del año. Muchas empresas descubren tarde que gran parte de sus fugas económicas estaban dentro de su propia operación. El problema no siempre está en el precio del mercado, en el clima o en el tipo de cambio. A veces está en agua desperdiciada, fertilizante mal aplicado, combustible mal usado, empaque sobredimensionado o transporte mal aprovechado.

 

Otro tema que empieza a ganar fuerza son los llamados Scopes 1, 2 y 3 de emisiones. Aunque el nombre suena técnico, en realidad es bastante fácil de entender cuando se aterriza a la agricultura cotidiana. El Scope 1 representa lo que la empresa consume directamente, como diésel, gasolina o gas LP. El Scope 2 corresponde a la electricidad comprada. Y el Scope 3 incluye toda la cadena alrededor del negocio: transporte, fertilizantes, empaques, residuos, proveedores y logística.

 

En muchas agroexportadoras, el Scope 3 termina siendo el más grande de todos. Un tractocamión mal aprovechado, viajes vacíos, exceso de empaque o rutas mal diseñadas generan costos y emisiones mucho mayores de lo que muchos imaginan. Durante años, estos temas se veían como asuntos de grandes corporativos. Hoy ya están llegando a las mesas de negociación con supermercados, bancos, aseguradoras y compradores.

 

La pregunta importante es: ¿qué pasará con las empresas agrícolas que decidan ignorar estos cambios durante los próximos años? El mercado internacional ya comenzó a moverse y las exigencias seguirán aumentando. Grandes cadenas comerciales solicitan cada vez más información relacionada con huella ambiental, reducción de emisiones, manejo laboral y trazabilidad. Algunos bancos también empiezan a condicionar financiamiento dependiendo del desempeño ambiental y social de las empresas.

 

Al mismo tiempo, el propio campo mexicano enfrenta desafíos que vuelven urgente esta transición. El agua es más limitada, los fertilizantes mantienen precios elevados, las temperaturas aumentan, las plagas se vuelven más agresivas y los costos operativos continúan creciendo. Por eso el tema de bioinsumos y agricultura regenerativa empieza a tomar tanta relevancia. Los mercados internacionales observan con interés prácticas relacionadas con microorganismos, reducción de químicos, salud de suelo y producción con menor impacto ambiental.

 

Pero más allá de auditorías o certificaciones, existe una parte mucho más humana en toda esta conversación. La sostenibilidad también significa proteger el futuro del campo, cuidar trabajadores, conservar agua para las siguientes generaciones y mantener viable la actividad agrícola dentro de veinte o treinta años. Como ocurre en la agricultura, las mejores cosechas rara vez llegan por casualidad. Normalmente son resultado de planeación, disciplina y capacidad para adaptarse antes que los demás. Esto fue Visión Agrícola 360, el Panorama Completo del Campo Mexicano.

 

Esto fue Visión Agrícola 360: El Panorama Completo del Campo Mexicano.