27 de octubre de 2026
MC. Raymundo Elizalde Gastelo
Visión Agrícola 360
Opinión

Reforma ambiental: reglas claras para el campo

La reforma ambiental en México podría cambiar las reglas para los productores agrícolas, desde el uso de plaguicidas hasta los permisos e inversiones necesarias para producir alimentos.0

En las audiencias ambientales del 28 al 30 de septiembre de 2026 en la Cámara de Diputados, representantes del sector privado pidieron certeza jurídica y decisiones sustentadas en evidencia. Para el campo mexicano, esta discusión puede influir en los insumos disponibles, los permisos y las inversiones necesarias para producir alimentos sin deteriorar los recursos naturales.

 

La iniciativa busca expedir una nueva Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente. Es una propuesta aún en debate, con objetivos de prevención, restauración y justicia ambiental. Conviene distinguir sus disposiciones de las solicitudes presentadas por los participantes: ninguna intervención equivale a una modificación aprobada.

 

La protección ambiental forma parte de la economía agrícola. Un suelo erosionado, agua contaminada o menos polinizadores pueden perjudicar las cosechas y aumentar costos. Defender estos recursos es proteger capacidad productiva. También implica reconocer que las consecuencias del deterioro llegan a trabajadores, comunidades y familias.

 

La certeza jurídica importa al financiar riego tecnificado, recuperar suelos o establecer un huerto. Son inversiones cuyo retorno necesita varios años. Si los requisitos resultan ambiguos o las decisiones carecen de explicación, aumenta el riesgo de posponerlas. El productor necesita saber qué debe cumplir, cuánto costará y cuándo tendrá respuesta.

 

Uno de los puntos discutidos fue el principio precautorio: actuar ante riesgos de daño grave o irreversible, incluso sin certeza científica absoluta. Su aplicación debe explicar el peligro y fundamentar las medidas. Pedir evidencia ayuda a decidir mejor; exigir una prueba definitiva de cada daño podría retrasar la protección cuando más se necesita.

 

Representantes agrícolas pidieron evaluaciones de riesgo adaptadas a México para los insumos. La iniciativa mantiene restricciones a la importación de plaguicidas no permitidos en su país de fabricación. El debate exige revisar riesgos, exposición y alternativas, respetando los compromisos internacionales y aprovechando las alertas de otros países.

 

La industria citrícola expuso la presión del cambio climático y del Huanglongbing, una enfermedad que afecta a naranjas, limones y toronjas. Su preocupación vincula sanidad y abastecimiento. Mantener herramientas eficaces exige evaluar sus impactos; retirar sustancias peligrosas requiere impulsar alternativas que funcionen en el campo.

 

Una transición viable necesita investigación, pruebas regionales y asistencia técnica. Las autoridades agrícolas y las empresas deben promover el manejo integrado de plagas, que combina vigilancia, prevención y control biológico. Cuando sea necesario sustituir un insumo, urgen opciones eficaces y accesibles, sin aplazar medidas ante riesgos graves.

 

Evitar trámites duplicados puede reducir costos sin debilitar la vigilancia. El gobierno federal debe coordinar a las autoridades ambientales, agrícolas y sanitarias para definir responsabilidades y compartir información. Cada expediente debería tener requisitos públicos y plazos verificables, con evaluaciones proporcionales al riesgo del proyecto.

 

La proporcionalidad también importa al sancionar. Deben valorarse la gravedad del daño, la reincidencia y las obligaciones de reparación. Una multa tiene que desalentar el incumplimiento y evitar que contaminar resulte rentable. Al mismo tiempo, procedimientos claros y medios de defensa permiten corregir errores y proteger a quienes cumplen la ley.

 

Las comunidades también necesitan certeza sobre el agua, la tierra y los efectos de nuevos proyectos. La consulta debe ocurrir a tiempo, con información comprensible y respuestas a sus observaciones. Los mismos criterios ambientales deben aplicarse a obras públicas y privadas; las inversiones ganan legitimidad cuando sus impactos pueden examinarse.

 

Una ley más exigente demanda instituciones capaces de aplicarla. La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente necesita personal preparado, laboratorios y recursos para inspeccionar. El Congreso debe revisar cuánto costarán las nuevas obligaciones y cómo se financiarán. Prometer vigilancia sin resolver esa capacidad deja pendiente la ejecución.

 

Los pequeños productores requieren una ruta de cumplimiento que puedan pagar. Las organizaciones agrícolas pueden dar asesoría compartida y capacitación para reducir costos. El gobierno debe focalizar apoyos en prácticas verificables, como manejo de envases, recuperación de suelos y eficiencia hídrica, con seguimiento de sus resultados en el campo.

 

¿Cómo pedir inversiones de largo plazo si las reglas cambian sin explicación, o exigir confianza comunitaria si los riesgos se ocultan? Esas dudas pueden frenar proyectos y alimentar controversias. Autoridades y empresas tienen responsabilidades propias, pero ambas deben informar, responder por sus decisiones y aceptar la evaluación de sus efectos.

 

Las audiencias deben traducirse en mejoras concretas al proyecto de ley. La comisión legislativa responsable puede publicar las propuestas recibidas, los cambios realizados y las razones para aceptar o descartar cada planteamiento. Una revisión abierta facilitaría conocer qué problemas se resolvieron y cuáles siguen pendientes antes de la votación.

 

Detrás de esta reforma están quienes necesitan cosechar, cobrar su trabajo y llevar alimentos a casa. También quienes esperan beber agua limpia y cuidar la salud. El valor de la ley se medirá en esas vidas: en la posibilidad de producir con responsabilidad y de heredar recursos útiles. Esa confianza merece reglas claras y autoridades que respondan.

 

Esto fue Visión Agrícola 360: El Panorama Completo del Campo Mexicano.