
Por Dania Gámez
Especialista en agronegocios y análisis agroalimentario | Productora de contenido y host del podcast Ellas en el Agro
Resumen ejecutivo
Septiembre de 2026 evidenció la creciente interdependencia entre agricultura, energía y comercio internacional. El petróleo superó los 100 dólares por barril, las tensiones en el estrecho de Ormuz presionaron las expectativas de costos de fertilizantes y el conflicto en el mar Negro modificó las rutas comerciales del trigo. En México, el presupuesto agrícola propuesto para 2027, las compras consolidadas de insumos y la recuperación hídrica de Sinaloa marcaron la agenda productiva. Estos acontecimientos confirman que los márgenes del sector agroalimentario dependen cada vez más de factores externos a la producción primaria.
Agroindustria: reconfiguración empresarial y comercial
Bunge Global anunció la venta de dos ingenios azucareros en Brasil a COFCO International, reflejando una estrategia de reorganización de activos en uno de los principales mercados mundiales de azúcar y biocombustibles. La operación muestra cómo las grandes comercializadoras buscan optimizar sus inversiones y concentrar recursos en negocios estratégicos, en un entorno donde la eficiencia del capital resulta tan importante como el volumen procesado.
Paralelamente, China y Estados Unidos reforzaron sus relaciones comerciales agrícolas. Durante septiembre se reportaron compras chinas cercanas a un millón de toneladas de soya estadounidense, en el contexto de los acercamientos diplomáticos entre ambas economías. El movimiento recordó que las oleaginosas son tanto una materia prima industrial como un instrumento estratégico de negociación. Para compañías como ADM y Bunge, estos flujos influyen directamente en los márgenes de procesamiento, las exportaciones y la utilización de infraestructura logística.
En México, el aguacate enfrentó nuevas exigencias. El 15 de septiembre se publicó su incorporación al Certificado Laboral para la Agroexportación, mediante la plataforma VELAGRO. La medida refuerza la importancia del cumplimiento laboral y la trazabilidad para mantener el acceso a mercados internacionales. Esta evolución representa un cambio relevante para la agroindustria exportadora: competir ya no depende exclusivamente de calidad, precio e inocuidad, sino también de demostrar el cumplimiento de estándares laborales y comerciales.
Agromercados: energía, fertilizantes y granos
El petróleo Brent superó los 100 dólares por barril durante septiembre, en medio de disrupciones en el estrecho de Ormuz. La incertidumbre sobre el abastecimiento energético representa un riesgo para los costos agrícolas, particularmente en fertilizantes nitrogenados, cuya producción depende estrechamente del gas natural.
La importancia de este fenómeno radica en que los incrementos energéticos pueden trasladarse a los costos de fabricación, transporte y comercialización de fertilizantes. Para los productores mexicanos que comienzan a presupuestar nuevos ciclos agrícolas, la volatilidad internacional refuerza la necesidad de evaluar oportunidades de compra, eficiencia en el uso de nutrientes y costo por tonelada producida.
En granos, el informe WASDE del USDA mantuvo la atención sobre los balances estadounidenses de maíz y soya, fundamentales para México por su dependencia de las importaciones de materias primas agrícolas. Los ajustes en producción, consumo, exportaciones e inventarios pueden modificar las expectativas de precios, especialmente cuando coinciden con movimientos del tipo de cambio y los costos logísticos.
El trigo también enfrentó presiones logísticas. Rusia intensificó el uso de rutas alternativas por el Báltico y el Ártico ante las dificultades en el mar Negro, mientras SovEcon redujo su estimación de exportaciones rusas de trigo 2026/27 a 41.4 millones de toneladas. El cambio evidencia que la disponibilidad física de granos no siempre garantiza estabilidad de precios cuando existen restricciones comerciales y de transporte.
En Europa, las condiciones de calor y sequía afectaron regiones productoras de maíz, papa y forrajes, agregando incertidumbre sobre la disponibilidad y los costos de materias primas agroalimentarias. Estas alteraciones climáticas también pueden modificar las necesidades de importación y los flujos comerciales internacionales.
México: presupuesto, compras consolidadas y agua
El Paquete Económico 2027 propuso asignar aproximadamente 88,759 millones de pesos a SADER, un incremento nominal cercano al 17% respecto de 2026. Sin embargo, algunos programas productivos, incluidos Fertilizantes para el Bienestar y Producción para el Bienestar, presentarían reducciones en términos reales. Las cifras corresponden al proyecto presupuestal, sujeto a aprobación legislativa.
La discusión presupuestal trasciende el monto total asignado. Para evaluar su impacto será necesario observar cuánto se destina efectivamente a productividad, sanidad, infraestructura, comercialización y reducción de costos, especialmente en regiones donde los márgenes agrícolas continúan presionados.
El 25 de septiembre, Agricultura anunció una estrategia de compras consolidadas y directas de semillas, fertilizantes y bioinsumos para productores de maíz blanco y trigo del ciclo otoño-invierno 2026/27. El esquema busca mejorar las condiciones de adquisición y podría modificar la dinámica comercial entre productores y proveedores. Su efectividad dependerá de la disponibilidad oportuna de insumos, las condiciones comerciales y la capacidad de generar ahorros reales sin comprometer la productividad.
Por su parte, Sinaloa registró una recuperación hídrica importante. Al 22 de septiembre, sus once principales presas almacenaban aproximadamente 7,621 millones de metros cúbicos, equivalentes al 48.1% de su capacidad de conservación. La mejor disponibilidad de agua favorece la planeación agrícola, aunque la superficie sembrada dependerá también de las asignaciones de riego y la rentabilidad esperada.
Para el noroeste mexicano, esta recuperación representa una oportunidad para mejorar la planeación del ciclo otoño-invierno, particularmente en cultivos como maíz, trigo y hortalizas. No obstante, disponer de más agua no garantiza mejores resultados económicos si los precios de comercialización continúan siendo insuficientes frente a los costos de producción.
La lectura clara de septiembre
El mes confirmó que las decisiones agrícolas ya no pueden explicarse únicamente desde la producción. La energía determina parte del costo de fertilización; la geopolítica modifica rutas comerciales; las políticas públicas influyen en el acceso a insumos y los requisitos laborales condicionan la exportación.
Para México, la recuperación hídrica y los nuevos mecanismos de compras representan oportunidades, pero no eliminan los desafíos de costos y comercialización. El reto será transformar estas condiciones en mejoras reales de productividad, eficiencia y competitividad.
La competitividad agroalimentaria no consiste solamente en producir más, sino en convertir cada tonelada producida en mayor valor y rentabilidad.
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