En 2025, la Iniciativa de Alimentos Equitativos, conocida como EFI por sus siglas en inglés, cumplió diez años como organización independiente. Su informe anual, publicado el 24 de agosto de 2026, permite revisar qué dejó esa primera década y qué puede aprender México sobre el bienestar de quienes cultivan, cosechan y empacan los alimentos frescos.
EFI surgió de una alianza entre productores, trabajadores, compradores y organizaciones sociales. Impulsada inicialmente por Costco, Oxfam América y el sindicato agrícola United Farm Workers, se independizó en 2015. Su origen explica una característica fundamental: mejorar las condiciones del trabajo en el campo exige compromisos de toda la cadena.
El modelo busca que las buenas prácticas laborales tengan reconocimiento comercial y que los trabajadores participen en las decisiones de su empresa. Para ello forma equipos con personal de campo y supervisores, capaces de detectar problemas, plantear soluciones y dar seguimiento a los acuerdos. La certificación contempla auditorías independientes.
Según el informe de EFI, al cierre de 2025 se habían pagado alrededor de 29.5 millones de dólares en bonos desde el inicio del programa, incluidos cerca de 4.9 millones a lo largo de ese año. Son recursos adicionales para trabajadores de las operaciones participantes. Conviene precisar el alcance: estas cifras corresponden al conjunto del programa.
Los bonos provienen de un pago adicional que realizan los compradores participantes por los productos certificados. Del monto total recaudado, 87% beneficia directamente a los trabajadores; el resto cubre administración y licencia. Así, parte del valor reconocido en el mercado llega a quienes sostienen la cosecha, con reglas que deben ser precisas.
La capacitación también avanzó. El informe registra unas 4,800 personas formadas desde el inicio del programa y alrededor de 250 durante 2025. La comunicación, el liderazgo y la solución de conflictos son ejes de formación. Escuchar a quien trabaja en el surco o en el empaque permite conocer problemas que los reportes administrativos pueden omitir.
Cuando un trabajador puede señalar un error sin temor, la empresa tiene mejores posibilidades de corregirla. Una instrucción confusa, un riesgo de accidente o un desperdicio pueden atenderse a tiempo. EFI documenta mejoras en operaciones participantes, aunque el resultado depende de cada empresa y requiere constancia, recursos y mediciones.
México participa en esta historia desde 2015, cuando El Milagro de Baja, de GoodFarms, recibió la primera certificación EFI del país. Ese antecedente muestra que el modelo tiene experiencia en nuestra agricultura. Su enseñanza alcanza a regiones y cultivos distintos: la responsabilidad laboral necesita adaptarse a las condiciones de cada operación.
La relevancia comercial ya tiene expresiones concretas. Costco considera a EFI entre las iniciativas que apoya para proteger los derechos de quienes integran su cadena de suministro. Para las empresas mexicanas, cumplir expectativas laborales verificables puede fortalecer la confianza del comprador, junto con la inocuidad y la calidad del producto.
Sin embargo, una certificación requiere tiempo de capacitación, registros, auditorías y correcciones. Ese costo debe evaluarse frente al tamaño de la empresa, sus compradores y sus posibilidades financieras. El distintivo por sí mismo no garantiza ventas ni mejores precios. La decisión exige identificar qué cambiará en el trabajo y cómo sostenerlo.
También conviene mirar a quienes llegan de otras regiones para trabajar. La información sobre salarios, vivienda, transporte y seguridad debe ser comprensible, incluso cuando existen diferencias de idioma. Una política escrita sirve de poco si el trabajador desconoce cómo presentar una queja o teme perder el empleo por hacerlo.
¿Qué valor tiene demandar alimentos producidos con responsabilidad si el precio pagado dificulta financiarla? Esta pregunta involucra a compradores, empresas y consumidores. El bienestar laboral necesita una distribución razonable de costos y beneficios. Dejar toda la carga en el productor debilita la posibilidad de mantener las mejoras cada ciclo.
Para las empresas agrícolas se requiere una ruta verificable: revisar las condiciones de contratación, capacitar supervisores y abrir canales de queja con seguimiento. Medir accidentes, rotación de personal y cumplimiento de acuerdos permite identificar avances. La participación de los trabajadores debe reflejarse en decisiones y cambios concretos.
Los compradores pueden contribuir mediante contratos que reconozcan los costos del cumplimiento y compromisos firmes de abastecimiento. También deben comprobar que los incentivos lleguen a sus destinatarios. Pedir estándares cada vez mayores sin discutir su financiamiento reduce el margen disponible para mejorar las condiciones laborales.
A las autoridades y las organizaciones agrícolas les corresponde facilitar asistencia técnica, profesionalización y acceso a servicios para las familias jornaleras. Los apoyos deben considerar a empresas pequeñas y productores que venden en México. El trato digno tiene el mismo valor en la cosecha destinada a exportación que en el mercado nacional.
La primera década de EFI deja una enseñanza para el campo mexicano: escuchar, capacitar y reconocer económicamente a las personas puede fortalecer a las empresas. El próximo paso consiste en ampliar esas oportunidades y comprobar sus resultados. Una agricultura próspera debe permitir que quienes la sostienen regresen a casa con salud y certidumbre.
Esto fue Visión Agrícola 360: El Panorama Completo del Campo Mexicano.


