15 de agosto de 2026
MC. Raymundo Elizalde Gastelo
Visión Agrícola 360
Opinión

¿Qué pasa ahora que Estados Unidos rechazó extender el TMEC?

El T-MEC sigue vigente, pero perdió la certeza de largo plazo. La decisión de Estados Unidos abre una década de revisiones anuales que podría afectar inversiones, exportaciones y la planeación del sector agroalimentario de América del Norte.

MC. Raymundo Elizalde

El 1 de julio de 2026, Estados Unidos decidió no extender el TMEC en su forma actual por un nuevo periodo de 16 años. La noticia cambia el escenario comercial de América del Norte. El tratado permanece vigente, aunque perdió la certeza de largo plazo que esperaban productores, empresas, trabajadores e inversionistas.

 

Conviene aclararlo desde el principio. Estados Unidos no abandonó inmediatamente el acuerdo, tampoco cerró su mercado a las exportaciones mexicanas. Las reglas comerciales del TMEC continúan operando. Lo que comenzó es una etapa de revisiones anuales, negociaciones constantes y presiones para modificar las condiciones pactadas.

 

El mecanismo del tratado establece que México, Estados Unidos y Canadá podrán reunirse cada año para buscar un entendimiento. Si los tres países acuerdan extenderlo durante alguna de esas revisiones, recuperarían un horizonte de 16 años. Si nunca alcanzan un consenso, el TMEC terminaría el 1 de julio de 2036.

 

Diez años parecen mucho tiempo, pero representan un periodo relativamente corto para proyectos de inversión. Un invernadero, un empaque, una planta procesadora, una red de refrigeración o un cruce fronterizo requieren capital que se recupera lentamente. La pregunta inevitable es: ¿quién invertirá con confianza mientras el tratado enfrenta una revisión cada año?

 

La relación agroalimentaria entre México y Estados Unidos alcanzó durante 2025 alrededor de 75 mil millones de dólares. Estados Unidos vendió a México casi 31 mil millones en alimentos y productos agrícolas, mientras las exportaciones mexicanas hacia ese mercado rondaron los 44 mil millones. Es una integración difícil de separar sin provocar daños en ambos lados.

 

México compra grandes cantidades de maíz, soya, trigo, lácteos, carne de cerdo y otros productos estadounidenses. A cambio, abastece a los consumidores de aquel país con tomate, chile bell, pepino, aguacate, berries, mango, cerveza y una amplia variedad de alimentos procesados. Esta relación responde a necesidades productivas y comerciales profundamente complementarias.

 

La dependencia estadounidense de los productos frescos mexicanos resulta todavía más evidente. México aporta cerca de siete de cada diez dólares de las hortalizas frescas importadas por Estados Unidos y alrededor de la mitad de sus frutas. Durante el invierno, muchas regiones mexicanas sostienen el abasto que la producción estadounidense no puede cubrir.

 

Para los agricultores mexicanos, el riesgo inmediato no es la desaparición automática del acceso preferencial. El peligro está en la incertidumbre que puede acompañar cada ciclo agrícola. Un comprador podría reducir contratos, un banco endurecer el crédito, una empresa retrasar inversiones y un productor posponer la modernización de sus instalaciones.

 

Las revisiones anuales también pueden convertir al TMEC en una negociación política permanente. Diferencias relacionadas con migración, seguridad, energía, empleo, medio ambiente o inversión podrían mezclarse con los asuntos comerciales. El sector agrícola corre el riesgo de ser utilizado como instrumento de presión, aunque sus cadenas beneficien a millones de consumidores.

 

Estados Unidos ha expresado interés en fortalecer las reglas de origen, reducir sus déficits comerciales y evitar que empresas de terceros países aprovechen las ventajas del tratado. En agricultura podrían aumentar las discusiones sobre biotecnología, medidas sanitarias, derechos laborales, agua, medio ambiente y acceso a los mercados de los tres países.

 

El consumidor estadounidense tampoco queda protegido frente a esta incertidumbre. Si México recibe menos inversión agrícola, la disponibilidad de frutas y hortalizas puede disminuir, mientras los costos de producción y distribución aumentan. El resultado podría reflejarse en temporadas más cortas, menor variedad y precios más elevados en supermercados y restaurantes.

 

El Gobierno mexicano necesita buscar un acuerdo antes de que las revisiones anuales se conviertan en una década de desgaste. Debe negociar con firmeza, respaldar cada posición con evidencia y construir alianzas con agricultores, transportistas, supermercados, legisladores y gobiernos estatales estadounidenses que dependen del comercio con México.

 

Los productores, comercializadores y exportadores también deben prepararse. Será necesario documentar empleos, inversiones, costos, inocuidad, trazabilidad, cumplimiento laboral y aportación económica. También conviene fortalecer relaciones con los compradores, revisar contratos, reducir gastos logísticos y diversificar mercados, siempre que existan condiciones comerciales viables.

 

Estados Unidos dejó abierta la puerta a una negociación, pero decidió no ofrecer certeza inmediata. El TMEC sigue vivo y todavía puede extenderse, aunque ahora avanza bajo una revisión permanente. Cuando aparece una grieta en un canal de riego, la responsabilidad es repararla temprano, antes de que el agua y la cosecha terminen perdiéndose.

 

Esto fue Visión Agrícola 360: El Panorama Completo del Campo Mexicano.