17 de agosto de 2026
MC. Raymundo Elizalde Gastelo
Visión Agrícola 360
Opinión

Glifosato: la decisión que redefine el campo

Mientras Estados Unidos protege el abasto de glifosato como un asunto de seguridad alimentaria, México enfrenta el desafío de reducir su uso sin comprometer la productividad ni la competitividad del campo.

 

MC. Raymundo Elizalde

A veces, lo que ocurre en otro país termina moviendo el tablero del campo en México. Recientemente, Estados Unidos anunció su respaldo a la producción nacional de glifosato, argumentando que es un insumo clave para su seguridad alimentaria. No es un tema lejano. Es una señal directa del rumbo que están tomando las grandes potencias agrícolas.

 

La medida surge de una orden ejecutiva que busca fortalecer la producción interna de este herbicida. Hoy, el campo estadounidense depende en buena parte de importaciones, lo que representa un riesgo estratégico. La instrucción es clara: producir más dentro de su territorio. Reducir vulnerabilidades. Asegurar el abasto para su agricultura.

 

El glifosato está presente en millones de hectáreas en el mundo. Se estima que más del 70% de la agricultura intensiva lo utiliza en alguna etapa del ciclo productivo. Es una herramienta clave para el control de malezas en cultivos como maíz, soya y trigo. Sin este insumo, los costos de producción pueden incrementarse entre un 15% y un 30%.

 

Desde la lógica productiva, la decisión de Estados Unidos tiene sentido. Mantener rendimientos altos y costos relativamente estables es fundamental para sostener su posición como potencia agrícola. Además, el control de malezas no es un tema menor, ya que puede representar pérdidas de hasta el 40% del rendimiento si no se maneja adecuadamente.

 

Pero el tema no se queda en lo técnico. También entra en un terreno sensible que tiene que ver con la salud. Mientras autoridades en Estados Unidos consideran que el glifosato es seguro bajo ciertas condiciones, organismos internacionales lo clasifican como probablemente cancerígeno, lo que mantiene abierto un debate global que sigue sin resolverse.

 

A esto se suman miles de demandas legales en Estados Unidos. Empresas como Bayer han enfrentado litigios por el uso del herbicida, incluso proponiendo acuerdos por poco más de siete mil millones de dólares para cerrar casos. Es decir, el tema sigue en tensión entre producción, regulación y percepción social del riesgo.

 

Aquí surge una pregunta. ¿Qué pesa más en la toma de decisiones de un país: la seguridad alimentaria o la salud pública? No hay una respuesta única. Cada nación está resolviendo ese equilibrio de acuerdo con su contexto, su presión social y su estructura productiva.

 

Estados Unidos ha optado por fortalecer su producción agrícola. Está apostando por garantizar rendimientos, reducir dependencia externa y proteger su sistema productivo. Es una decisión que privilegia la estabilidad del campo en un entorno global marcado por conflictos, inflación y cambios climáticos.

 

En México, la situación es distinta. El debate sobre el glifosato ha estado marcado por posturas encontradas, regulaciones en transición y una falta de claridad operativa en campo. Mientras tanto, los productores siguen enfrentando costos elevados, financiamiento limitado y condiciones climáticas cada vez más complejas.

 

El agricultor sinaloense lo vive todos los días. Malezas que compiten por agua y nutrientes, ciclos productivos que no esperan y decisiones que se toman bajo presión. Retirar una herramienta sin alternativas probadas puede significar una caída directa en la productividad y en el ingreso.

 

Hablar de sustituir el glifosato implica mucho más que voluntad política. Requiere investigación aplicada, desarrollo de bio herbicidas, manejo integrado de malezas y capacitación constante. También exige inversiones importantes y varios ciclos agrícolas para validar resultados en condiciones reales.

 

Además, hay un factor que pocas veces se discute con claridad. La competitividad. Si Estados Unidos logra asegurar su abasto de insumos y mantener costos controlados, su producción se vuelve más eficiente. Esto puede presionar los precios internacionales y reducir el margen de maniobra para los productores mexicanos.

 

La decisión también tiene un componente geopolítico. Al fortalecer su producción de insumos estratégicos, Estados Unidos protege su cadena alimentaria y reduce riesgos ante posibles interrupciones comerciales. Es una estrategia que responde a un mundo cada vez más fragmentado e incierto.

 

Frente a este escenario, México necesita tomar decisiones claras. No se trata de adoptar posturas extremas, sino de construir un modelo propio, basado en evidencia, tecnología y acompañamiento al productor. La transición hacia alternativas más sostenibles debe ser ordenada y realista.

 

El reto es encontrar un equilibrio viable. Proteger la salud, cuidar el medio ambiente y asegurar la productividad del campo. No es una tarea sencilla, pero es una conversación urgente que debe incluir a productores, autoridades, investigadores y consumidores.

 

Al final, el glifosato es apenas la superficie de un problema mucho más profundo. Lo que está en juego es el futuro del modelo agrícola del país. ¿Estamos preparados para transitar hacia nuevas formas de producir sin poner en riesgo la seguridad alimentaria? Esa es la pregunta que hoy vale la pena hacernos.

 

Esto fue Visión Agrícola 360: El Panorama Completo del Campo Mexicano.