24 de agosto de 2026
MC. Raymundo Elizalde Gastelo
Visión Agrícola 360
Opinión

La guerra de Ucrania llega hasta nuestra mesa

Los ataques contra puertos y embarcaciones de Rusia y Ucrania están elevando los costos del transporte y amenazan las exportaciones mundiales de trigo, maíz, oleaginosas y fertilizantes. México podría resentir esta escalada en los precios de los alimentos y en los costos de producción agrícola.

MC. Raymundo Elizalde

El origen inmediato de esta guerra se remonta a 2014, cuando Rusia anexó Crimea y comenzó el conflicto armado en el este de Ucrania. La confrontación escaló el 24 de febrero de 2022 con la invasión rusa a gran escala. Moscú argumentó razones de seguridad y oposición al acercamiento ucraniano con Occidente, mientras Ucrania y gran parte de la comunidad internacional calificaron la ofensiva como una violación de su soberanía.

 

Desde el comienzo, el control del mar Negro se convirtió en una pieza estratégica. Ucrania depende de sus puertos para exportar trigo, maíz, cebada y aceite de girasol, mientras Rusia utiliza la región para movilizar granos, petróleo y fertilizantes. Cerca de 90% de las exportaciones agrícolas ucranianas pasan normalmente por esta vía, por lo que cerrar sus puertos significa debilitar su economía y reducir la oferta mundial de alimentos.

 

El 3 de agosto de 2026, Rusia anunció medidas adicionales para proteger los barcos que navegaban entre el mar de Azov y el mar Negro y comenzó a buscar rutas alternativas. Un día después, Ucrania reconoció que sus opciones terrestres, ferroviarias y fluviales apenas podrían movilizar entre 50% y 55% del volumen transportado por los puertos. Cerca de 30 millones de toneladas de granos y oleaginosas estaban en riesgo de quedar atrapadas.

 

Para el 5 de agosto, el costo del seguro de guerra para ingresar a algunas terminales del mar Negro había pasado de alrededor de 1% a cerca de 2% del valor de cada embarcación. Este aumento puede representar cientos de miles de dólares adicionales por viaje. A la prima deben agregarse combustible, retrasos, inspecciones, cambios de ruta y mayores compensaciones para las tripulaciones dispuestas a navegar dentro de una zona de alto riesgo.

 

El 9 de agosto, una nueva ofensiva rusa dañó el puerto de Odesa, principal salida de las exportaciones agrícolas ucranianas, y provocó interrupciones eléctricas. Al mismo tiempo, Ucrania continuó atacando petroleros y embarcaciones vinculadas con la logística rusa. El intercambio confirmó que ambos países estaban llevando la guerra hacia las cadenas comerciales que sostienen sus ingresos, elevando la amenaza sobre alimentos, combustibles e insumos agrícolas.

 

El 10 de agosto, el Gobierno ucraniano redujo hasta 12% su pronóstico de exportaciones de granos para el ciclo 2026-2027, desde 43 millones de toneladas hasta un rango de entre 38 y 40 millones. También advirtió sobre un posible déficit de almacenamiento cercano a 11 millones de toneladas. Para el día siguiente, los productores ya enfrentaban precios internos más bajos, falta de compradores y bodegas cada vez más saturadas.

 

El 12 de agosto, Ucrania atacó Novorossiysk, uno de los principales centros navales, petroleros y agrícolas de Rusia en el mar Negro. La ofensiva dañó dos de sus tres terminales de granos y obligó a detener temporalmente una de ellas. Los futuros del trigo reaccionaron al alza porque el riesgo dejó de concentrarse en Ucrania y comenzó a comprometer también las exportaciones del mayor proveedor mundial de este cereal.

 

El 13 de agosto, Rusia golpeó Izmail, el principal puerto ucraniano sobre el río Danubio. El ataque dañó infraestructura, provocó incendios y dejó sin electricidad parte de la ciudad. Esta terminal representaba la alternativa más inmediata ante las dificultades de Odesa, pero los bajos niveles del Danubio y su capacidad limitada complican el traslado de grandes volúmenes de trigo, maíz y oleaginosas hacia los mercados europeos.

 

Para esa misma fecha, las exportaciones ucranianas de granos acumulaban una caída cercana a 76% respecto al mismo periodo del año anterior. Frente al deterioro de la situación, Ucrania propuso suspender mutuamente los ataques contra barcos civiles en el mar Negro y Turquía planteó una tregua marítima. Sin garantías verificables, las navieras y aseguradoras continuarán cobrando una prima elevada por asumir el riesgo de entrar a estos puertos.

 

La mayor presión puede aparecer en los precios de los granos. Rusia y Ucrania representan juntas cerca de una tercera parte del comercio mundial de trigo, mientras Ucrania aporta alrededor de 11% del maíz comercializado internacionalmente. Una reducción prolongada de sus exportaciones obligaría a numerosos compradores a competir por suministros de Estados Unidos, Canadá, Argentina, Brasil y Europa, impulsando las cotizaciones del trigo, maíz, harina y alimentos pecuarios.

 

Los fertilizantes también están expuestos porque Rusia es uno de los mayores productores de urea, fosfatos y potasio. Las afectaciones en puertos, refinerías, energía y transporte pueden elevar los costos logísticos y reducir temporalmente la oferta. México compró fertilizantes rusos por alrededor de 550 millones de dólares durante 2025, por lo que una nueva presión sobre la urea y otros nutrientes llegaría directamente a los costos de producción del campo mexicano.

 

México importa cerca de 27 millones de toneladas de maíz y más de 8 millones de trigo al año, de manera que esta guerra puede reflejarse en el alimento y en la factura de los productores. El Gobierno debe diversificar proveedores, fortalecer reservas y apoyar la producción nacional, mientras agricultores y comercializadores necesitan anticipar compras y utilizar coberturas. ¿Esperaremos a que los misiles del mar Negro lleguen convertidos en precios más altos?

 

Esto fue Visión Agrícola 360: El Panorama Completo del Campo Mexicano.