22 de septiembre de 2026
MC. Raymundo Elizalde Gastelo
Visión Agrícola 360
Opinión

Riego ineficiente: el verdadero problema del agua

La agricultura utiliza cerca de tres cuartas partes del agua concesionada en México. Modernizar canales, medir volúmenes y tecnificar el riego será fundamental para producir alimentos con menos agua y enfrentar sequías cada vez más prolongadas.

MC. Raymundo Elizalde

 

En México, cada vez que hablamos de agua, la conversación suele irse hacia las ciudades, las pipas, los tinacos vacíos y el miedo legítimo de las familias. Esa preocupación existe y debe atenderse con seriedad. Pero si miramos el mapa completo, el mayor reto nacional está en otro lugar. Está en la eficiencia con la que usamos el agua en la agricultura.

 

El campo mexicano utiliza alrededor de tres cuartas partes del agua concesionada en el país. Eso significa que cualquier solución de fondo tiene que pasar por los distritos de riego, los módulos, los canales, las compuertas y los terrenos agrícolas. Hablar de agua sin hablar de agricultura deja fuera la parte más grande del problema. Y también la parte más grande de la solución.

 

México tiene regiones con realidades muy distintas. Hay zonas del sur con abundancia relativa, regiones del centro con presión urbana creciente y estados del norte donde cada ciclo agrícola se decide casi gota por gota. Pero el patrón se repite: el agua se extrae, se conduce durante kilómetros y una parte considerable se pierde antes de llegar al cultivo. Esa es la herida silenciosa del sistema.

 

El problema no siempre está en la falta absoluta de agua. Muchas veces está en la forma en que la movemos, la medimos y la aplicamos. Canales sin revestimiento, filtraciones, evaporación, infraestructura envejecida y riegos poco precisos terminan elevando el consumo real por hectárea. El resultado es duro: se usa más agua de la necesaria para producir el mismo alimento.

 

En cultivos como maíz, trigo, arroz, alfalfa, caña de azúcar y hortalizas, la eficiencia del riego puede marcar la diferencia entre un ciclo viable y uno lleno de pérdidas. La planta necesita cierto volumen para crecer, pero el sistema puede exigir mucho más para que ese volumen llegue realmente a la raíz. Ahí aparece la gran pregunta: ¿estamos administrando el agua como recurso estratégico o como si todavía fuera infinita?

 

Durante décadas, México construyó una agricultura poderosa gracias a presas, canales y distritos de riego que transformaron regiones enteras. Esa infraestructura permitió producir alimentos, generar empleo y poblar valles agrícolas donde antes había incertidumbre. Pero buena parte de ese sistema fue diseñado para otro clima, otra presión demográfica y otra realidad productiva. Hoy necesita una modernización profunda.

 

El cambio climático ya está moviendo las reglas del juego. Las lluvias son más irregulares, las sequías duran más, los escurrimientos son menos predecibles y las presas llegan a los ciclos agrícolas con mayor incertidumbre. En este nuevo escenario, seguir regando como antes se vuelve cada vez más riesgoso. Cada metro cúbico perdido en conducción o mala aplicación pesa más que hace veinte años.

 

También debemos hablar del valor económico del agua. En muchos distritos agrícolas, el metro cúbico tiene un costo muy bajo frente a su importancia real. Esto no significa castigar al productor, porque el agricultor ya enfrenta precios inciertos, crédito caro, altos costos de producción y mercados difíciles. Significa reconocer que el agua debe gestionarse con más información, más tecnología y más responsabilidad pública.

 

Hay un concepto que ayuda a entender la magnitud del tema: el agua virtual. Cada tonelada de grano, cada caja de frutas, cada hortaliza y cada producto pecuario lleva agua incorporada. Cuando una región agrícola abastece a otra parte del país, también está enviando agua transformada en alimento. Esa contribución sostiene la seguridad alimentaria nacional, aunque pocas veces se reconoce en los presupuestos y decisiones públicas.

 

Por eso, la tecnificación del riego ya no puede verse como lujo ni como proyecto aislado. Nivelar tierras, revestir o entubar canales, automatizar compuertas, instalar sensores, usar estaciones agrometeorológicas y programar riegos con datos debe convertirse en una política nacional. La eficiencia hídrica tiene que entrar al corazón de la planeación agrícola. Sin eso, cada sequía será más cara y dolorosa.

 

El gobierno tiene que orientar recursos hacia las zonas donde el ahorro de agua sea medible y permanente. Los organismos de cuenca y módulos de riego deben fortalecer la transparencia, el mantenimiento y la medición real de volúmenes. Los productores necesitan acompañamiento técnico, financiamiento accesible y reglas claras para adoptar nuevas tecnologías. Los comercializadores y consumidores también deben entender que detrás de cada alimento hay agua que alguien tuvo que cuidar.

 

La discusión nacional del agua debe cambiar de tono. Menos pleito entre ciudad y campo, más responsabilidad compartida. El agua para beber es un derecho humano y debe garantizarse siempre; el agua para producir alimentos es una condición estratégica para la estabilidad del país. Una no puede enfrentarse con la otra, porque ambas sostienen la vida diaria de México.

 

Regar mejor con menos agua será una de las grandes tareas nacionales de los próximos años. Ahí se juega parte del futuro del campo, de la alimentación y de la paz social en muchas regiones. Cada gota que llega bien al cultivo se convierte en comida, empleo y esperanza. Cada gota que se pierde en el camino también se lleva una parte del futuro que estamos obligados a cuidar.

 

Esto fue Visión Agrícola 360: El Panorama Completo del Campo Mexicano.