17 de agosto de 2026
MC. Raymundo Elizalde Gastelo
Visión Agrícola 360
Opinión

Cosecha de frijol: oportunidad en tiempos inciertos

Con cerca de 70 mil hectáreas sembradas, Sinaloa inicia la cosecha de frijol entre rendimientos contrastantes, lluvias inoportunas y un mercado que mantiene precios estables, pero con rentabilidad todavía frágil para el productor.

MC. Raymundo Elizalde

En estos días, en distintas regiones de Sinaloa ya comenzaron a trabajar las trilladoras. Arrancó la cosecha de frijol y con ella vuelve esa mezcla conocida de esperanza y tensión. El frijol es parte central de la alimentación en México y, al mismo tiempo, uno de los cultivos que mejor refleja las presiones que vive el campo sinaloense.

 

Este ciclo otoño-invierno se sembraron alrededor de 70 mil hectáreas en el estado. Es una superficie moderada si se compara con años de mayor disponibilidad de agua. La cautela fue evidente desde la planeación del segundo semestre del año pasado, cuando el nivel en presas obligó a ajustar estrategias y priorizar cultivos con menor demanda hídrica.

 

Los rendimientos muestran contrastes. En zonas con buen manejo agronómico y riego oportuno se esperan entre 1.5 y 2 toneladas por hectárea. En áreas con estrés hídrico o menor fertilidad, los promedios podrían ubicarse cerca de 1.2 toneladas. Esa diferencia incide directamente en el volumen final del estado.

 

En términos generales, la producción podría cerrar entre 90 mil y 100 mil toneladas. Es una cifra relevante para el mercado nacional, aunque distante de los ciclos donde se superaron con amplitud las 120 mil toneladas. Cada tonelada cuenta, sobre todo en un contexto donde el consumo interno se mantiene sólido.

 

El comportamiento del mercado ha sido diferenciado por variedad. El frijol azufrado y el pinto se están moviendo en campo entre 20 y 23 pesos por kilogramo, dependiendo de calidad y condiciones de entrega. Son precios que dan cierto respiro, aunque el margen es estrecho frente al aumento acumulado en costos de producción.

 

En el caso del frijol Reyna, esta variedad se está comprando en promedio alrededor de 25 pesos por kilo. Tradicionalmente mantiene un precio superior al azufrado porque implica mayores costos y un manejo más exigente. El mercado reconoce su tamaño grande y uniforme, y actualmente presenta muy buena aceptación en los canales mayoristas.

 

Para quienes lograron calidad en Reyna, el panorama es relativamente más favorable. Aun así, el equilibrio financiero sigue siendo delicado. Fertilizantes, combustibles, agroquímicos y financiamiento han incrementado su peso en la estructura de costos. Para muchos productores, el punto de equilibrio se acerca peligrosamente a los 20 pesos por kilo en variedades tradicionales.

 

A esto se suman las lluvias recientes. En algunas zonas del estado se presentaron precipitaciones en momentos poco oportunos, justo en la etapa de maduración o cuando ya se había iniciado el corte. El exceso de humedad afecta el brillo del grano, genera manchas y reduce la calidad comercial.

 

También ha complicado el ingreso de maquinaria a parcelas con suelos saturados. Cada día de retraso eleva el riesgo de deterioro y descuentos en precio. Es una ventana corta donde el productor depende de días secos para asegurar el valor de su cosecha.

 

Frente a este escenario surge una pregunta necesaria: ¿qué herramientas tienen los productores para no verse obligados a vender en el momento de mayor oferta? Aquí cobra relevancia la pignoración del frijol. Se requieren apoyos del gobierno que faciliten esquemas de almacenamiento con respaldo financiero, permitiendo que quienes tengan capacidad puedan conservar su producto y esperar mejores condiciones en el mediano plazo.

 

La pignoración consiste en dejar el grano en resguardo, generalmente en almacenes certificados, utilizándolo como garantía para obtener liquidez. De esta manera, el productor no se ve forzado a vender de inmediato por falta de flujo. En mercados volátiles, esta herramienta puede marcar la diferencia entre una venta apresurada y una estrategia comercial más inteligente.

 

Sin embargo, estos esquemas requieren coordinación institucional, reglas claras y recursos oportunos. También demandan organización entre productores y acceso a infraestructura adecuada. Sin almacenamiento suficiente, la pignoración se vuelve difícil de implementar.

 

El frijol enfrenta además retos estructurales en su comercialización. La fragmentación productiva limita el poder de negociación. Muchos pequeños agricultores venden de manera individual, lo que reduce su margen para influir en condiciones de precio.

 

En paralelo, está el factor de las importaciones. México continúa siendo deficitario en ciertas variedades y, dependiendo del balance nacional, pueden ingresar volúmenes externos que presionen el mercado. Si la oferta interna se coloca de forma ordenada y el consumo se mantiene dinámico, el precio puede sostenerse. Si coinciden altos inventarios con entrada de producto importado, el ajuste será inevitable.

 

En un entorno de agua limitada, costos elevados y clima impredecible, el frijol sinaloense vuelve a demostrar resiliencia. Convertir esa resiliencia en rentabilidad dependerá de decisiones oportunas, coordinación entre actores y políticas públicas que acompañen al productor.

 

Porque detrás de cada kilo de frijol hay meses de inversión y trabajo que sostienen economías rurales completas. Y lo que ocurra en esta cosecha enviará una señal clara sobre el futuro de este cultivo en Sinaloa.

 

Esto fue Visión Agrícola 360: El Panorama Completo del Campo Mexicano.