21 de septiembre de 2026
MC. Raymundo Elizalde Gastelo
Visión Agrícola 360
Opinión

Cosechas históricas, pero muchos desafíos pendientes

Aunque el mundo produce más alimentos que nunca, el nuevo reporte de AMIS advierte que la estabilidad alimentaria global depende cada vez más de costos, clima, comercio y acceso, no solo de volumen productivo.

MC. Raymundo Elizalde

El Sistema de Información sobre Mercados Agrícolas, conocido como AMIS, es una iniciativa impulsada por el G20 para monitorear los mercados mundiales de trigo, maíz, arroz y soya, con el objetivo de anticipar riesgos para la seguridad alimentaria global. En la edición más reciente del AMIS Market Monitor de 2026, el mensaje es claro: el mundo sigue produciendo suficientes alimentos, pero mantener esa estabilidad será cada vez más complejo por el aumento de los costos, las tensiones comerciales y la presión climática.

 

Este punto cobra más relevancia cuando se observa el largo plazo. El estudio de Baffes y Etienne, retomado por AMIS, mostró que en aproximadamente seis décadas la producción agrícola mundial casi se cuadruplicó, creciendo mucho más rápido que la población. Buena parte de ese avance se concentró en trigo, maíz, arroz y soya, responsables de cerca del 70% del incremento productivo global. Ese crecimiento fue posible gracias a innovación, genética, mecanización y mejoras en productividad.

 

Durante muchos años la lógica parecía sencilla: producir más alimentos resolvería el problema alimentario mundial. Y en buena medida funcionó. Hoy el planeta tiene una capacidad productiva que hace décadas habría parecido imposible. Pero el nuevo reporte de AMIS introduce una idea distinta: producir suficiente ya no garantiza estabilidad.

 

Los mercados agrícolas internacionales llegan a 2026 con inventarios relativamente cómodos y cadenas comerciales más diversificadas. En trigo, maíz, arroz y soya todavía existe capacidad para absorber choques moderados. Sin embargo, AMIS advierte que este equilibrio es más frágil de lo que parece y que eventos inesperados podrían devolver alta volatilidad a los mercados.

 

Una de las señales más visibles apareció durante este año con el incremento en los costos energéticos y su efecto inmediato sobre fertilizantes. Las restricciones prolongadas al tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz elevaron costos logísticos y presionaron el precio internacional de nutrientes como urea y fosfatos, reduciendo su accesibilidad para muchos agricultores del mundo.

 

Esto importa más de lo que parece. Cuando sube el fertilizante, muchos productores reducen dosis, cambian cultivos o disminuyen inversiones tecnológicas. El efecto no siempre se ve en la cosecha inmediata; muchas veces aparece uno o dos ciclos después en forma de menores rendimientos o menor rentabilidad.

 

En el caso del trigo, el panorama sigue siendo relativamente sólido, aunque menos holgado que hace un año. Las proyecciones globales apuntan a una producción mundial cercana a poco más de 800 millones de toneladas, ligeramente por debajo del ciclo anterior, afectada por menores áreas sembradas y condiciones climáticas menos favorables en algunas regiones.

 

Para maíz, el entorno sigue mostrando una oferta suficiente a nivel mundial, pero ya aparecen señales que merecen atención. El mercado observa con cuidado el comportamiento productivo de Estados Unidos, Brasil y China, mientras los altos costos energéticos siguen afectando márgenes agrícolas. El resultado es un mercado más sensible a cualquier cambio climático o comercial.

 

Y aquí aparece uno de los temas más importantes del reporte. El desafío del futuro ya no es únicamente cuánto producir. El verdadero reto será sostener productividad con menos presión sobre tierra, agua y energía. Cada persona dispone hoy de menos superficie agrícola que hace décadas, mientras la demanda de alimentos continúa creciendo.

 

También queda claro que el problema alimentario mundial no está exclusivamente en la producción. Aunque el mundo genera suficientes alimentos, millones de personas siguen enfrentando inseguridad alimentaria. Persisten barreras económicas, desigualdad, conflictos y dificultades logísticas que impiden que los alimentos lleguen de manera accesible a toda la población.

 

Para México y particularmente para Sinaloa, esta reflexión tiene implicaciones directas. Nuestro liderazgo agrícola seguirá dependiendo de la capacidad para producir con mayor eficiencia, reducir desperdicios, modernizar sistemas de riego y fortalecer la adopción tecnológica. El productor actual compite en un entorno donde una decisión energética en Medio Oriente o un ajuste comercial entre grandes economías puede terminar afectando su utilidad.

 

AMIS también mantiene vigilancia sobre la evolución climática para el segundo semestre del año. Aunque los mercados siguen relativamente abastecidos, el monitoreo internacional reconoce que fenómenos atmosféricos y eventos extremos seguirán siendo uno de los factores que más incertidumbre agregan al sistema agroalimentario mundial.

 

La lección que deja este reporte es poderosa. El mundo demostró que puede producir más alimentos que nunca. La siguiente prueba será demostrar que puede hacerlo de manera rentable, sostenible y accesible para todos.

 

Porque al final, detrás de cada estadística agrícola existe algo mucho más importante que toneladas o inventarios. Existe la capacidad de millones de familias para llevar alimento a su mesa y la posibilidad de que el campo siga siendo una fuente de estabilidad para las próximas generaciones.

 

Esto fue Visión Agrícola 360: El Panorama Completo del Campo Mexicano.