20 de septiembre de 2026
MC. Raymundo Elizalde Gastelo
Visión Agrícola 360
Opinión

La crisis de mano de obra agrícola en EU

Las políticas migratorias están profundizando la falta de trabajadores en el campo estadounidense, pero México enfrenta una crisis semejante.

MC. Raymundo Elizalde

En los campos agrícolas de Estados Unidos falta algo que no se resuelve con maquinaria ni con discursos: trabajadores. El endurecimiento de las políticas migratorias, la incertidumbre en la contratación temporal y el miedo a revisiones más agresivas están dejando cuadrillas incompletas en regiones clave como California, Florida, Texas y Arizona. Y cuando faltan manos, la cosecha no espera. Esa imagen de producto listo que no alcanza a levantarse se repite con más frecuencia de la que muchos imaginan.

 

El problema es profundo porque la agricultura estadounidense depende desde hace décadas de trabajadores nacidos fuera de ese país. Una gran parte de la fuerza laboral del campo es inmigrante, y los esquemas de contratación temporal han crecido precisamente porque la oferta local no alcanza para cubrir la demanda estacional. Es una dependencia estructural que hoy se está tensando.

 

Eso explica por qué, cada vez que se endurece el mensaje migratorio, el impacto se siente primero en los surcos. Menos trabajadores significa cosechas más lentas, mayores costos y más presión sobre los precios. También implica una mayor dependencia de importaciones de alimentos frescos. Una decisión política termina moviendo toda la cadena alimentaria.

 

En este 2026, el escenario se ha vuelto más complejo para los productores estadounidenses. Las revisiones laborales son más frecuentes, los tiempos administrativos se alargan y la incertidumbre crece tanto para empleadores como para trabajadores. El resultado es una agricultura más costosa, menos predecible y con menor margen de maniobra.

 

Muchos agricultores en Estados Unidos están tomando decisiones difíciles en cada ciclo. Algunos reducen superficie sembrada, otros cambian hacia cultivos menos intensivos en mano de obra y otros absorben pérdidas esperando condiciones más favorables. Lo que está en juego no es un ciclo, es la estructura productiva de largo plazo.

 

Pero aquí aparece una paradoja que en México debemos mirar con mucha atención. Mientras Estados Unidos enfrenta escasez de mano de obra por sus políticas migratorias, en el campo mexicano, especialmente en el noroeste, vivimos un problema muy parecido. También aquí faltan trabajadores, y eso ya se volvió un límite real para sembrar, cosechar y crecer.

 

En regiones como Sinaloa, Sonora y Baja California, esta realidad se siente con claridad. Los productores enfrentan dificultades para completar cuadrillas en momentos críticos de la cosecha. Esto no es un fenómeno aislado ni temporal, es una tendencia que se ha venido consolidando en los últimos años.

 

La explicación tiene varias capas. Una de ellas es el crecimiento de la agricultura hortícola en distintas regiones del país. México ha ampliado su papel como proveedor de tomate, chile, pepino y otros productos frescos, lo que ha incrementado la demanda de jornaleros en múltiples estados al mismo tiempo.

 

Cuando más regiones compiten por la misma mano de obra, el faltante se vuelve inevitable. Estados como Jalisco, Guanajuato, Michoacán y Baja California también demandan trabajadores, lo que reduce la disponibilidad para zonas tradicionales como Sinaloa. El mercado laboral agrícola se ha vuelto más competido y dinámico.

 

La otra capa, y quizá la más delicada, es la inseguridad. En el noroeste del país, este factor ha influido en la menor llegada de jornaleros migrantes durante los ciclos recientes. Para muchas familias, la decisión de trasladarse ya no depende solo del ingreso, también pesa el riesgo.

 

Esto cambia por completo la lectura del problema. A veces se piensa que, si Estados Unidos cierra puertas, automáticamente sobrarán trabajadores en México. La realidad es más compleja y muestra que el faltante de mano de obra es un reto compartido en ambos lados de la frontera.

 

Aun así, este momento abre una oportunidad que no se puede ignorar. Muchos trabajadores con experiencia agrícola podrían buscar empleo en México ante las dificultades crecientes en Estados Unidos. No encontrarán el mismo nivel de ingreso, pero sí la posibilidad de mantener una fuente de trabajo cerca de sus comunidades.

 

Para que esa oportunidad sea real, México debe ofrecer condiciones que generen estabilidad. No se trata únicamente del salario, también de seguridad, vivienda y bienestar familiar. El trabajador agrícola necesita certidumbre para tomar la decisión de quedarse.

 

Y aquí vale la pena reconocer algo importante. Históricamente, Sinaloa y los productores de hortalizas han hecho esfuerzos relevantes en responsabilidad social. Se han desarrollado programas de vivienda, salud, alimentación y educación para trabajadores y sus familias, construyendo una base que hoy puede marcar diferencia.

 

La pregunta de fondo es: ¿estamos listos como país para convertir esta coyuntura en Estados Unidos en una ventaja para el campo mexicano? La respuesta dependerá de cómo se atiendan temas como seguridad, condiciones laborales y movilidad. El campo sigue enseñando la misma lección: la tierra produce cuando hay personas dispuestas a trabajarla con dignidad y certeza.

 

Esto fue Visión Agrícola 360: El Panorama Completo del Campo Mexicano.