15 de octubre de 2026
MC. Raymundo Elizalde Gastelo
Visión Agrícola 360
Opinión

Plaguicidas: quién manda en el mercado global

La concentración empresarial, las nuevas alternativas biológicas y la regulación de plaguicidas influyen en las opciones del agricultor mexicano. El reto es proteger las cosechas con eficacia, costos accesibles y asesoría para decidir.

MC. Raymundo Elizalde

El mercado mundial de protección de cultivos alcanzó alrededor de 69 mil millones de dólares en 2025, según una estimación preliminar de AgbioInvestor. Su valor nominal bajó 1% frente a 2024. Detrás de esa cifra están los productos que buscan cuidar las cosechas y una disputa comercial que influye en cuánto paga el agricultor por mantenerlas sanas.

 

Syngenta ocupa un lugar central en el mercado mundial. Su división de protección de cultivos reportó ventas cercanas a 14 mil millones de dólares en 2025. Además, ADAMA pertenece al mismo grupo empresarial. Para conocer la concentración del mercado conviene mirar quién controla las compañías, porque distintas marcas pueden responder al mismo dueño.

 

Bayer, BASF y Corteva también están entre los grandes protagonistas. Esta última vendió unos 7 mil 500 millones de dólares en protección de cultivos durante 2025. Sus reportes permiten dimensionar el negocio, aunque comparar empresas exige separar los ingresos de plaguicidas de aquellos que provienen de semillas, fertilizantes y diversos servicios.

 

Nutrien requiere una lectura distinta: participa de forma destacada en la distribución de insumos al agricultor y también maneja productos propios. Sumar sus ventas comerciales con las de los fabricantes puede contar dos veces un mismo producto. Una clasificación que mezcla ambos niveles ofrece una imagen equivocada del reparto del mercado mundial.

 

El tamaño empresarial facilita financiar investigación, registrar productos y sostener redes comerciales en muchos países. Esa capacidad acerca herramientas nuevas al campo, pero también da poder para decidir qué cultivos reciben inversión. Los mercados pequeños pueden quedar rezagados cuando no ofrecen suficiente retorno económico.

 

Hay competencia fuera de ese grupo. UPL, FMC, Sumitomo Chemical y fabricantes regionales disputan clientes con productos y estrategias diferentes. Los genéricos amplían opciones cuando vencen las patentes. Sin embargo, varias marcas pueden contener la misma sustancia: más marcas disponibles no siempre significa contar con más herramientas.

 

Los resultados de 2026 muestran por qué conviene leer las cifras con cuidado. En el primer semestre, Syngenta elevó 4% las ventas de protección de cultivos medidas en dólares, pero registró un descenso de 1% al descontar las variaciones cambiarias. La facturación depende de precios, monedas y volúmenes; por sí misma no demuestra mayor uso en campo.

 

Los productos biológicos ganan espacio y atraen inversiones. Pueden integrarse con otras prácticas para controlar plagas y reducir riesgos, pero su origen natural no garantiza eficacia ni ausencia de peligro. Cada nueva alternativa necesita evaluación, calidad constante y condiciones adecuadas de aplicación. La prueba decisiva ocurre en el cultivo.

 

En México, estas decisiones llegan a las parcelas de frutas, hortalizas, granos y cultivos industriales. Un tratamiento que falla puede reducir rendimiento, calidad y capacidad de pago. Para el agricultor, comparar opciones exige conocer el costo por hectárea y el resultado esperado, además del precio del envase y las condiciones de financiamiento.

 

La agricultura de exportación enfrenta otra exigencia: cumplir los límites de residuos del país comprador. Un producto autorizado en México no asegura cumplir esas condiciones. Se requiere revisar cultivo, dosis y tiempos antes de cosechar, guardar registros y verificar resultados. Los alimentos destinados al mercado nacional merecen igual cuidado.

 

México publicó en septiembre de 2025 un decreto que prohibió 35 plaguicidas. La medida cambió las opciones legales para producir, importar, comercializar y utilizar esas sustancias. Para agricultores y distribuidores, revisar registros e inventarios es parte del trabajo cotidiano: comprar un producto en venta no demuestra que su uso esté permitido.

 

Se requiere que las autoridades sanitarias, ambientales y agrícolas coordinen la evaluación de alternativas y mantengan información pública clara sobre los productos autorizados. La transición necesita más pruebas locales y acompañamiento técnico. Retirar una sustancia obliga a resolver cómo proteger cada cultivo con opciones eficaces y accesibles.

 

El manejo integrado de plagas ofrece una respuesta: vigilar el cultivo, identificar el problema y combinar prevención, control biológico y aplicaciones justificadas. La tecnología puede ayudar a localizar daños y ajustar tratamientos. Su utilidad debe medirse en pérdidas evitadas, gasto por hectárea y menor exposición de trabajadores y ecosistemas.

 

Cuidar las herramientas existentes también exige frenar la resistencia. Alternar marcas resulta insuficiente cuando actúan de la misma manera sobre la plaga. Los asesores deben diseñar rotaciones entre mecanismos distintos, respetar la etiqueta y evaluar el control logrado. Elevar dosis por costumbre encarece el cultivo y puede agravar el problema.

 

¿Quién acompaña al agricultor que necesita cambiar su programa, pero carece de asesoría y recursos para ensayar alternativas? Las organizaciones de productores pueden compartir técnicos y parcelas de evaluación con apoyo público y empresarial. Distribuir esos costos permite que las mejoras lleguen también a explotaciones con presupuestos limitados.

 

Las empresas deben demostrar qué resuelven sus productos y cuánto cuesta lograr ese resultado. México necesita agricultores con información para elegir y capacidad para exigir. En un mercado dominado por grandes empresas, su autonomía vale mucho: permite cuidar la cosecha, conservar el ingreso familiar y proteger a quienes trabajan para producirla.

 

Esto fue Visión Agrícola 360: El Panorama Completo del Campo Mexicano.