18 de agosto de 2026
MC. Raymundo Elizalde Gastelo
Visión Agrícola 360
Opinión

México y Brasil: dos gigantes agrícolas, dos caminos

Brasil crece como potencia agrícola con un modelo basado en escala, agronegocios y mercado interno; México, en cambio, mantiene su fortaleza en la horticultura de exportación.

MC. Raymundo Elizalde

 

La semana pasada tuve la oportunidad de visitar São Paulo, una de las regiones económicas y agrícolas más importantes de América Latina. Desde el primer momento resulta evidente la enorme dimensión de Brasil. São Paulo concentra cerca de una tercera parte de la riqueza del país y funciona como el gran motor industrial, financiero y agroalimentario brasileño. Es un territorio que impone respeto por su tamaño y su dinamismo.

 

La visita se centró en la zona agrícola de Mogi Guaçu, donde se encuentra el campo experimental de BHN, operado en colaboración con la empresa semillera Blueseeds. Quiero aprovechar este espacio para agradecer las atenciones y apertura ofrecidas por Angelo Oioli, Luciano Satoshy y Rodrigo Sabia. Gracias a ellos pudimos conocer de cerca el trabajo técnico y experimental que hoy se desarrolla en esta importante región agrícola de Brasil.

 

La intención del recorrido fue clara: identificar variedades nuevas de tomate y chile que puedan adaptarse a las necesidades de los productores mexicanos. Especialmente en productividad, calidad de fruto, vida de anaquel y comportamiento frente a enfermedades que hoy preocupan al sector hortícola.

 

Resulta imposible recorrer Brasil sin comenzar a comparar su modelo agrícola con el mexicano. Aunque cada país ha seguido rutas distintas, ambos se han convertido en actores estratégicos para la producción de alimentos. Hoy enfrentan desafíos similares relacionados con competitividad, infraestructura, mano de obra, sostenibilidad y acceso a mercados.

 

En el campo brasileño hay una lógica clara: producir a gran escala. La caña de azúcar domina el paisaje productivo. Es, sin duda, el cultivo más importante, impulsado por su uso en azúcar y bioenergía. Después viene la naranja para proceso, un negocio altamente tecnificado que ha colocado a Brasil como líder global en jugo concentrado. Cifras que se traducen en miles de millones de dólares en exportaciones cada año.

 

En el caso de México, buena parte de nuestra estrategia comercial agrícola gira alrededor de la cercanía con Estados Unidos. La integración logística, carretera y comercial con el mercado norteamericano ha permitido que las hortalizas mexicanas desarrollen una enorme capacidad exportadora.

 

Al analizar la producción hortícola de São Paulo, aparecen elementos muy interesantes para entender cómo funciona el mercado agrícola brasileño y por qué su modelo es tan distinto al mexicano. Esta región agrícola es actualmente el principal productor de hortalizas en Brasil. Tomate, papa dulce y lechuga encabezan la producción regional.

 

La gran diferencia está en que el enorme tamaño del mercado brasileño permite que gran parte de la producción se consuma internamente, reduciendo la dependencia de las exportaciones hortícolas. En México ocurre exactamente lo contrario. Nuestra horticultura está diseñada para exportar. Vivimos conectados al mercado de Estados Unidos. Esa diferencia ha moldeado las inversiones, la logística, la tecnología y hasta la mentalidad productiva de ambos países. Son dos formas distintas de ver el mismo negocio.

 

Ahora, si nos movemos hacia el centro-oeste de Brasil, el panorama cambia radicalmente. Ahí está el corazón de los granos. Soya, maíz y sorgo se producen en extensiones enormes que parecen no terminar nunca. Brasil cuenta con condiciones naturales y estructurales que le han permitido crecer con enorme fuerza en la producción de granos. La disponibilidad de tierra, el acceso al agua y las grandes superficies agrícolas han favorecido un modelo altamente competitivo y orientado al volumen.

 

A eso se suma un modelo empresarial basado en agronegocios de gran escala. No es raro encontrar operaciones agrícolas que superan las 50 mil hectáreas bajo una sola administración. Ese tamaño operativo permite una reducción importante de costos, mayor eficiencia logística y una capacidad de negociación internacional muy superior. México, por el contrario, mantiene una agricultura de granos mucho más dispersa y fragmentada.

 

Brasil también enfrenta desafíos importantes. En los últimos años han aumentado las restricciones y regulaciones ambientales relacionadas con uso de suelo, conservación y sostenibilidad, generando nuevos límites para la expansión agrícola. A esto se suma un problema creciente relacionado con la disponibilidad de trabajadores agrícolas.

 

Cada vez resulta más complicado encontrar mano de obra para el campo y los costos laborales continúan aumentando. Una situación que también empieza a observarse en varias regiones agrícolas mexicanas. Parece que ningún país agrícola del continente se está salvando de este desafío.

 

Ahí es donde la comparación entre ambos países se vuelve especialmente interesante. Brasil mantiene una enorme fortaleza en granos y producción extensiva, mientras México conserva ventajas muy importantes en horticultura de exportación. Nuestra cercanía con Estados Unidos, nuestra experiencia en exportación, la capacidad técnica de nuestros productores y la adaptación a mercados exigentes nos colocan en una posición estratégica.

 

¿Hasta qué punto estamos aprovechando esas ventajas como país? Esa es una reflexión que debería estar siempre sobre la mesa de quienes diseñan política agrícola en México. La verdadera discusión para México no debería centrarse en copiar el modelo brasileño. El reto está en construir un modelo propio que aproveche nuestras fortalezas hortícolas y modernice al mismo tiempo la producción nacional de granos.

 

En granos, la reflexión para México no debe ser rendirse ante las ventajas de competidores como Estados Unidos o Brasil. El verdadero reto es transformar nuestro modelo productivo para estar al nivel que hoy exigen los mercados internacionales. Eso implica elevar rendimientos, mejorar infraestructura, ordenar la comercialización, reducir costos logísticos, impulsar financiamiento oportuno y dar certidumbre al productor.

 

En esa tarea, el gobierno mexicano tiene una responsabilidad enorme. Ningún país compite en granos únicamente con el esfuerzo individual del agricultor. México necesita una política pública seria, con visión de productividad, tecnología, agua, sanidad, almacenamiento y comercialización. El productor puede mejorar mucho, claro que sí, pero requiere condiciones que le permitan competir en una cancha menos dispareja.

 

Brasil seguirá creciendo como potencia de granos. Su escala, sus recursos y su estructura lo respaldan. México, por su parte, tiene la oportunidad de consolidarse como líder en hortalizas de alto valor, con enfoque en exportación, calidad y diferenciación.

 

México y Brasil son dos gigantes agrícolas que han crecido siguiendo caminos diferentes, pero ambos tienen mucho que aprender uno del otro. Brasil demuestra lo que puede lograrse con escala, infraestructura y visión de largo plazo. México, por su parte, ha construido una horticultura dinámica, tecnificada y altamente conectada con los mercados internacionales. Dos modelos distintos, dos lecciones valiosas.

 

Tal vez el verdadero reto está en evolucionar al mismo tiempo frente a un mundo que exige alimentos, tecnología, sostenibilidad y eficiencia cada vez mayores. El futuro del campo latinoamericano puede ser mucho más fuerte cuando existe intercambio de conocimiento, innovación y colaboración entre productores, empresas y gobiernos de la región.

 

Al recorrer realidades agrícolas tan distintas, pero al mismo tiempo tan conectadas, queda claro que América Latina todavía tiene un enorme potencial para consolidarse como una de las regiones agrícolas más importantes del planeta.

 

Y quizá ahí está la lección más importante de este viaje. El crecimiento del campo no tiene por qué construirse desde la competencia comercial. También puede surgir desde el aprendizaje mutuo y la visión compartida de alimentar mejor al mundo.

 

Esto fue Visión Agrícola 360, el Panorama Completo del Campo Mexicano.