17 de agosto de 2026
MC. Raymundo Elizalde Gastelo
Visión Agrícola 360
Opinión

Garbanzos de Sinaloa, mirando al Medio Oriente

La participación del garbanzo sinaloense en la Expo Gulfood 2026 refleja cómo un cultivo del ciclo otoño-invierno puede conectar al productor local con mercados globales de alta exigencia, donde la calidad, la confianza y la estrategia comercial pesan más que el volumen

MC. Raymundo Elizalde

 

En el campo sinaloense hay ciclos que se sienten distintos desde el arranque. Este otoño-invierno, el garbanzo volvió a levantar la mano como uno de esos cultivos que conectan al productor local con el mercado global. No es casualidad que los productores de Sinaloa hayan puesto la mira en Dubái y en la Expo Gulfood 2026 para abrir puertas y consolidar destinos.

 

La cita no es menor. La Expo Gulfood 2026 se realizará del 26 al 30 de enero, en Dubái, Emiratos Árabes Unidos. Durante esos días, compradores, importadores y distribuidores de todo el mundo se concentran en uno de los eventos agroalimentarios más grande del planeta para cerrar contratos, explorar proveedores y asegurar abasto.

 

El dato es claro y vale la pena ponerlo sobre la mesa desde el inicio. El año pasado Sinaloa alcanzó una producción cercana a 180 mil toneladas de garbanzo, una cifra histórica. De ese volumen, una parte relevante encontró salida en el Medio Oriente, una región donde este grano es parte cotidiana de la alimentación y no un producto ocasional.

 

Hoy el escenario es distinto en volumen, pero igual de estratégico. Para el ciclo otoño-invierno 2025-2026 se estima una cosecha alrededor de 70 mil toneladas. Menos cantidad, sí, pero con una calidad que sigue siendo reconocida en los mercados internacionales. Grano blanco, tamaño uniforme, buena cocción y atributos que lo colocan entre los mejores del mundo.

 

La participación de Sinaloa en la Expo Gulfood va más allá de una vitrina comercial. Representa una señal clara de política pública orientada al mercado. Ir a Dubái a finales de enero significa sentarse cara a cara con compradores que demandan constancia, cumplimiento y calidad, justo cuando están definiendo sus compras anuales.

 

El Medio Oriente no compra por impulso. Compra por confianza. Y esa confianza se construye con años de relación, entregas a tiempo y especificaciones claras. El antecedente del ciclo pasado pesa. Se logró colocar una cantidad importante y se dejó una impresión positiva que hoy abre la puerta a nuevas negociaciones.

 

Conviene subrayar un punto clave. El garbanzo sinaloense compite en un mercado donde también participan países como Australia, Canadá y productores del Mediterráneo. La diferencia no está únicamente en el precio. Está en la calidad del grano, en la logística y en la capacidad de responder cuando el mercado lo requiere.

 

Para muchos productores, estas misiones comerciales se sienten lejanas. Dubái parece muy distante del surco, del riego de auxilio y de la trilla. Sin embargo, lo que se negocia en esos foros termina reflejándose en el precio, en la liquidez y en la planeación del siguiente ciclo agrícola.

 

¿Tiene sentido apostar por mercados tan lejanos en un contexto global tan incierto? La pregunta es válida. La respuesta pasa por entender que diversificar destinos reduce riesgos. Depender de uno o dos mercados deja al productor expuesto a cambios políticos, comerciales o logísticos que no controla.

 

Además, el garbanzo tiene una ventaja estructural. Se adapta bien al ciclo otoño-invierno, presenta costos relativamente contenidos frente a otros granos y mantiene una demanda internacional sólida. En un entorno donde el agua, la energía y los insumos presionan los márgenes, esa combinación cuenta.

 

Desde el ámbito institucional, la presencia en Gulfood también envía un mensaje hacia adentro. El campo sinaloense tiene productos con potencial global y puede competir cuando hay coordinación entre productores, comercializadores y gobierno. Esa alineación no siempre se logra y cuando ocurre conviene capitalizarla.

 

El reto hacia adelante es claro. Mantener la calidad, cuidar la trazabilidad, cumplir especificaciones y fortalecer la organización comercial. Colocar una tercera parte de lo vendido el año pasado luce alcanzable si el mercado responde como se espera durante el evento de finales de enero.

 

Hay, además, una lección más amplia. El garbanzo demuestra que el futuro del campo no depende únicamente de los cultivos tradicionales o de los mercados de siempre. Existen nichos y regiones dispuestas a pagar por productos bien hechos, con origen claro y calidad consistente.

 

En un mundo donde la seguridad alimentaria vuelve a ocupar el centro del debate y donde los países buscan proveedores confiables, Sinaloa tiene una oportunidad real. El desafío está en sostenerla en el tiempo y convertir estas misiones comerciales en una estrategia permanente, no en esfuerzos aislados.

 

Al final del día, el garbanzo es más que un grano. Es una historia de conexión entre el campo sinaloense y las mesas del Medio Oriente. Es la prueba de que, cuando se siembra con visión y se comercializa con estrategia, el campo puede ir muy lejos.

 

Esto fue Visión Agrícola 360: El Panorama Completo del Campo Mexicano.

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